Cansada de extrañarte

on viernes, abril 19, 2019
Hoy te extrañé... Iba de camino a un desayuno... Y de pronto por las calles del centro me asaltó tu recuerdo en alguien más.

Y me dolió el corazón... Mucho más que otras veces... No podía hacer nada porque llevaba prisa y también porque hay cosas irremediables que no está en mis manos cicatrizar.

Mi encuentro de mañana fue más que perfecto... Pensé que la tristeza se había evaporado entre nubes de café delicioso, risas y buena charla... El resto del día no pensé en nada y hasta me olvidé de mi, concentrándome en las historias fantásticas e inverosímiles de otros... Pensé que había logrado sacarle la vuelta y salir ilesa de la nostalgia; pero me equivoqué: de madrugada el fantasma de tu recuerdo apareció de nuevo, llevándose consigo todas las horas posibles que me quedaban de sueño y aquí estoy una vez más.

Hacía tanto que eso no pasaba... Y supongo que al igual que otros días (que con el paso del tiempo han ido sumando años), es cuestión de no hacer nada y esperar a que tu recuerdo se aburra de pasear por mi mente y mi alma y se vaya... Sí, así igual como sucede con las noches de tormenta interminable, que al siguiente día y en cuanto sale el sol, se evaporan... Es así también con los fantasmas, siempre huyen con la presencia real de alguien que llega de mañana y desde hace tanto se preocupa por estar.

Ella no es tonta y lo sabe. Pero es tan respetuosa de mis historias y de esa parte del pasado del que no formó parte y se limita a estar simplemente y esperar lo más cerca posible hasta que la ruptura del silencio le indica que he vuelto del pasado... Para entonces, con sus dedos entre los míos retomar esta historia que escribimos en presente y que es tan incierto hasta donde nos llevará.

Hoy ya no es ahora... Ayer te extrañé, y si, me dolió mucho... Pero a diferencia de otras veces ya no te busqué entre letras y fotografías guardadas, pues tenía prisa, un nuevo día y planes reales por delante, o será que se llega a un punto en que extrañar también cansa y ya no fui tras de ti...

Paradojas en el tiempo

on lunes, abril 15, 2019
A veces me encuentro conmigo misma en el silencio.
A última hora de la noche, me siento al lado mío -a solas- para contarme, (más que repasar), la historia que he vivido hasta aquí.

Hay momentos también en que estando mi cuerpo en el presente, mi mente me lleva de la mano hasta el pasado... A momentos específicos. Días felices o instantes precisos... Esos en los que aunque por dentro mi mayor deseo sería repetir o al menos estar en mente y presencia física, tan sólo los visualizo como proyección de una película, porque no hay manera ya de que los pueda cambiar.

No me arrepiento de eso. Tan sólo la tristeza me ensombrece... Es entonces cuando descubro que en este momento que vivo ahora, tengo algo que entonces no: la experiencia que separa a un punto del otro; y que me lleva también a darme cuenta que no soy esa misma persona que visualizo como personaje central de eso que sucedió.

¿Te has sentido así alguna vez?... Mirarte al espejo y reconocer a la persona que te refleja el cristal, pero verla como si miraras a un familiar o un amigo... Alguien que conoces; pero que al mismo tiempo puedes tener la plena convicción de que ese quien eres; tiene en sus manos la posibilidad de escribir su historia de mil maneras distintas; porque es un alma, es más que un cuerpo... Lo que ves en el espejo es sólo una apariencia, un disfraz, un traje temporal...

¿Será por eso que me obsesionan tanto las historias sobre los viajes en el tiempo?, ¿Que me da tanta curiosidad conocer como son las personas por dentro? ¿Será por eso que desde hace tanto entiendo que todo cuanto ocurre es impermanente?, del mismo modo que son como personajes incidentales todas aquellas personas y seres que me han conocido y de los cuales yo también fui o ya soy parte.

Me gusta hablar de eso y me encantan también por eso estos encuentros, aunque no sepa bien como explicarlos... Estando aquí tengo la certeza de que camino por el pasado con los pies bien puestos en el presente, y aunque no está en mi capacidad poder ver claro el futuro, puedo acariciarlo con los párpados cerrados, porque en lo irreal mis ojos me proyectan en la imaginación las posibilidades más diversas...

Es eso lo que me da la pauta para no atarme a ningún lugar, al amor, los problemas e incluso las personas; porque en poco más de cien años (o menos), toda esta realidad -al igual que la mujer del espejo que conozco y reconozco en este momento- ni siquiera va existir más.

Por hoy estoy cansada, el sueño me vence y debo viajar ahora a un tiempo indeterminado en el que mientras mi cuerpo reposa, desconozco hasta donde me llevará... Para llegar hasta ahí no necesito nada, tan sólo llevo conmigo mis letras y las historias que con ellas puedo atrapar.

No tengo idea en que punto del camino te encuentres tú conmigo, si será pronto o dentro de un siglo; pero te dejo atrapado en el cristal mi reflejo de este instante y la paradoja del tiempo que me permite  estar para ti aquí, esperándote y sin haberme quedado, tan sólo para acompañarte e intentar charlar contigo pasada la media noche de todo esto que intento al mismo tiempo contarme y explicar...

No tengo idea si lo hago bien o simplemente no lo logro; pero me encanta la idea de que llegues a entenderlo y ese sea nuestro gran regalo: Que estando en dos puntos diametralmente distantes del tiempo, podamos trascender el tiempo y el espacio, para encontrarnos de madrugada y conversar de forma infinita cada vez que una idea, un sueño o un sentimiento nuevo nos estremezca el alma y nos haga volver una y otra vez hasta aquí.  

Intento de salida...

on lunes, abril 08, 2019

¿Depresión?
Levántate y brilla, porque sin tí colapsaría el mundo de por lo menos tres personas que están ligadas a ti y no se cumpliría el plan perfecto por el cuál estás aquí.

Levántate y brilla, porque aunque el mundo no te vea, te ve la vida. La vida que te creó y sigue creyendo en ti.

No interrumpas tu tristeza con una pastilla. Vívela, y te va dejar mayor sabiduría.

Ya sé que no es fácil, pero inténtalo. Levántate y hazlo por ti.

Buena Madrugada...

on domingo, marzo 31, 2019
Que está noche, y todas tus madrugadas sean mágicas y llenas de cosas bonitas.

¡Buen Viaje hacia El País de Los Sueños!

Rosas En El Desierto

on domingo, marzo 24, 2019
Aracely salió de casa mucho antes de que el sol llegara. Era necesario así todos los días, para poder llegar a tiempo a la primer clase en la preparatoria, en el plantel que le quedaba a poco más de una hora de camino.

Salió apresurada, pero aún estaba en tiempo. Llevaba sobre la espalda la mochila, y en el hombro izquierdo su bolso de mano; pues desde hacia poco más de un año y luego de sus clases, su rutina incluía un turno vespertino en una fábrica ensambladora de partes para auto, en un turno de las tres de la tarde hasta la medianoche... Era por esa razón que durante el día no había mucho tiempo para pensar.

La vida, sobre todo en los años recientes no había sido nada fácil para Aracely; pero no obstante eso, era justo en ese espacio de madrugada que ella aprovechaba para soñar despierta. Casi a diario, de camino a la zona centro, mientras sus pies la desplazaban a paso apresurado, su mente volaba a otro tiempo y espacio... A días indeterminados que no tenía ni la menor idea de cuándo llegarían, pero en los que algo si era seguro: ella tenía ya una carrera terminada y por ende, una mejor calidad de vida.

En esa mezcla de imágenes del presente y ese futuro imaginario que le gustaba pensar que con su esfuerzo día a día ya estaba construyendo, de pronto se asomaban también algunos recuerdos de hacía ya algunos pocos años. Casi siempre, cuando llegaba de madrugada ya a la zona del Centro Histórico, donde tomaría el siguiente transporte rumbo a la escuela, recordaba siempre a Esmeralda, su mejor amiga. Ambas, por vivir en la misma colonia, crecieron juntas, prácticamente habían sido como hermanas y se acompañaban una a la otra cada mañana rumbo a la escuela; hasta que un día cualquiera, de esos en que aparentemente nunca pasa nada, Esmeralda desapareció y nunca más nadie volvió a verla más que en las fotos impresas que hablaban de su desaparición y los intentos de su gente por localizarla.

Fueron días muy oscuros después de que pasó eso. Aracely recordaba que a pesar de la intensa búsqueda, nunca pudieron encontrarla; los padres de su amiga de ser unas personas amables, se volvieron desconfiadas y de alma marchita. Un año después de que las investigaciones y toda pesquisa se volvió en vano, la familia completa de Esmeralda se fue de la ciudad a su pueblo de origen y a la par de una casa abandonada y triste, la gente de ese barrio donde ellas crecieron, comenzó a vivir con miedo.

Una sensación extraña le oprimía el pecho a Aracely cada vez que pensaba en eso. Ella no quería ser como todo el mundo, y a la par de prometerse a si misma que le echaría todas las ganas a la escuela para salir adelante (tal como era el plan entre ella y su mejor amiga); trataba de sacarle la vuelta a la tristeza; pero sobre todo al miedo, y por eso, cada vez que atravesaba por la avenida principal, antes de llegar a la terminal del transporte; recordaba que infinidad de veces pasó por ahí con Esmeralda, para quien de cuando en cuando, su pasatiempo favorito era atravesarse corriendo de un extremo a otro de la acera, cuando el semáforo estaba en verde y los autos a una distancia más o menos considerable, mientras Aracely le gritaba desde el otro extremo: ¡Te atraviesas como burro!

No podía evitar sonreír cada vez que su mente le traía al presente esa memoria; pues aunque había pasado mucho tiempo ya, al pasar todos los días por ahí, casi creía verla todavía al otro lado de la calle botada de la risa y bailando en la esquina celebrando la audacia de haberle ganado al tráfico.

Pero fue precisamente la ausencia de vehículos lo que trajo a Aracely de vuelta a la realidad. Eran ya poco más de las seis y media de la mañana y mientras cruzaba la acera aún con el semáforo en verde, se percató de que tampoco había gente en las calles y hasta la terminal del transporte lucía desierta.

Lo primero que pensó fue que quizá había exagerado con la prisa y por eso llegó hasta ese punto demasiado temprano. Miró el reloj atado en su muñeca izquierda y confirmó que no era así. Al contrario, ya era tarde, por eso era todavía más extraño que ni en las aceras ni por la avenida hubiera el menor indicio de gente o vehículos dirigiéndose hacia alguna parte.

Desconcertada y aunque las manecillas del reloj indicaran que el tiempo seguía avanzando, ella se quedó sin saber que hacer por un momento. De pie, en la terminal del transporte público, se dio cuenta que su teléfono celular tampoco tenía señal alguna y no supo ya más que hacer... Lo único que se veía a lo lejos era el viento que arrastraba los resquicios de papeles y basura desperdigados en algunos rincones; y aunque ahora si ya era tarde, decidió esperar a que pasara algún autobús de pasajeros, pues era la única forma en que podría llegar a su destino.

No sabía porque, pero se sentía nerviosa e intranquila... Trato de serenarse y comenzó a buscar sus audífonos para escuchar un poco de música mientras esperaba de pie en esa acera. En eso estaba, cuando una sensación de textura afelpada le rozó a la altura de las pantorrillas, y al volver la mirada hacia ese punto, descubrió que un perro que para nada le resultaba extraño, se alejaba agitando de manera amigable su cola, después de haberse encontrado con ella.

Sin saber porque, Aracely lo siguió. El color del pelaje, tanto como la estatura del cachorro le resultaba bastante familiar; así que no dudó en ir tras sus pasos. A pesar de que las calles estaban aún oscuras y algunas parcialmente iluminadas, no le resultó difícil seguirle el rastro. Fue así, como después de atravesar varias cuadras y callejones solitarios, que llegó hasta donde comenzaban las vías del tren.

El perro se detuvo justo ahí, a unos cuantos metros de distancia, un poco como si quisiera cerciorarse de que Aracely lo seguía todavía. Fue en ese punto, donde ella se dio cuenta que se trataba de "El Duque", una mascota que fue parte de su familia, casi cuando había sido niña, y se perdió por esa época también.

Con la certeza absoluta de que se trataba de él, con mayor razón quiso seguirlo. El perro se adentró por ese paraje desierto, siguiendo el recorrido de las vías, y Aracely aceleró su paso en un intento por no perderlo y alcanzarlo.

La zona no le era desconocida, pues infinidad de veces pasó por un costado a bordo del transporte colectivo, pero le causó extrañeza ver que el perro llegó hasta un punto donde terminaban las vías y se abría paso un enorme desierto.

A pesar de la penumbra, el camino era visible. Al perro lo perdió de vista, pero tras a travesar por algunos matorrales desérticos y dunas no muy altas, descubrió recortada contra las luces lejanas de la ciudad, una silueta femenina que también le resultó bastante conocida.

A medida que se acercaba, quiso iluminar su camino con el reflejo de la pantalla de su celular, pero la luz era demasiado tenue; sin embargo los escasos metros que la separaban de esa persona -quien quiera que fuera- cada vez le acrecentaban una mezcla de sentimientos encontrados porque en el fondo de su alma algo le decía que aquella mujer era su amiga Esmeralda.

Estando a escasos segundos de comprobarlo, todo lo que veían sus ojos parecía confirmarlo. La misma estatura, el cabello suelto y oscuro  más abajo de los hombros... Lo único extraño era que llevaba puesto un vestido blanco que resplandecía aún más bajo el reflejo de la luna que a esa hora de la madrugada aún brillaba sobre un cielo despejado, con total intensidad.

Aracely le tocó el hombro, y justo cuando la llamó por su nombre despertó...

Sobresaltada y con una infinita tristeza en el alma, Aracely se descubrió a si misma, todavía muy cerca de casa, pues sin saber como ni en que momento, se había quedado dormida sentada sobre una enorme piedra, al costado del camino de terracería por el que todos los días a primera hora tenía que atravesar...

A toda prisa tomó de nuevo su mochila y la bolsa. Se colgó ambas y comenzó a caminar a toda prisa (porque ya era muy tarde), no sabía si era de noche o de día, pero a pesar de que avanzó en dirección del camino que ya conocía no veía por ningún lado algo de la zona que le resultara conocido; y por el contrario, sus pasos solamente la iban adentrando cada vez más a la misma zona desértica que había visto en su sueño...

Tal como si supiera lo que iba a encontrar, siguió de frente, pero esta vez, dunas adentro, encontró si a Esmeralda otra vez, de pie y a espaldas de ella, pero lo desconcertante fue que a diferencia de su sueño, ahora estaban también muchas otras mujeres de las más diversas edades, estaturas y complexiones, apostadas en distintos puntos de ese paraje desértico.

Aracely no quiso ni siquiera verlas... Empezó a correr, y aunque ninguna de ellas se movía o le dirigió palabra alguna, su mente y su cuerpo se concentró en intentar esquivarlas y salir de ahí lo más pronto posible.

Con el corazón latiendo muy de prisa y sintiéndolo casi en la garganta, no supo por cuanto tiempo estuvo corriendo, pero la velocidad en sus piernas y la adrenalina la llevaron hasta un punto donde una barda de metal bordeaba todo el terreno. Supo que se trataba de una especie de balla que a la par de cercar un terreno, en el extremo opuesto se utilizaba para colocar publicidad; y eso era lo menos importante, porque su alma dio un respiro de alivio al descubrir un par de orificios por los que se colaban haces de luz.

Aracely se asomó por el más grande de ellos y descubrió que era ya de día; y mientras pensaba en como encontrar un hueco que le permitiera cruzar hacia ese lado, de lo que nunca se percató fue que en el extremo opuesto de esa pared de metal, era su rostro el que estaba plasmado.
Aracely era una más de esas rosas que se quedaron para siempre atrapadas en el desierto. Hubo un día en que ella tampoco regresó ya a su casa, pero aún no lo sabía, y en apariencia estaba condenada a repetirlo todo, una y otra vez, hasta que un día se cansara y se quedara de pie junto a todas esas mujeres y niñas, al otro lado de la barda, en espera de que se haga JUSTICIA.
Es triste pensar que tal vez eso nunca suceda, que sea mucho más fáctible que el viento del desierto arrastre por las calles los miles de boletines y pesquisas de extravío de miles de mujeres y niñas, que tal vez tú y yo nunca conocimos, pero que nos duelen tanto o igual que una hermana, una amiga, una hija o sobrina.

Mientras las bardas y postes de la ciudad se llenan cada vez más de rostros que nadie más ha vuelto a ver de frente, el sentimiento de impotencia es colectivo y se extiende a lo largo y ancho del desierto, pero también por ríos, montañas y carreteras de otras fronteras, por las que tal vez no esté en nuestras manos evitar que las rosas con espinas se sigan expandiendo...

Justicia suele ser una palabra tan utópica como ambigua que en el presente puede no estar tampoco a nuestro alcance; pero mientras todas esas chicas como Aracely esperan a que se transforme en un verbo más que en un adjetivo, cada uno de nosotros, lo que si podemos hacer es un espacio en nuestros pensamientos y oraciones en cada inicio y final del día, para quizá ayudar así a que liberen sus espinas en la tierra y encuentren poco a poco el camino hacia la LUZ

Fotos (a excepción de la No. 3): Martha Mendoza

El arte de soltar.

Parejas que no son felices y siguen juntas...
Trabajos que amargan la existencia, amistades tóxicas, familia que coarta la libertad, etc.

Hay tantísimas situaciones y personas que nos rodean y empeoran nuestro bienestar, y aún así, a veces nos empeñamos en seguir aferrados a ello.

La vida es tan cambiante y ofrece tantas cosas nuevas, que aferrarse a algo que no funciona, es conformarse con una calidad de vida que podría mejorar si supiéramos dejar que la vida fluyera de forma natural.

¿Y tú cuando vas a soltar?

Orgasmo

on miércoles, marzo 20, 2019

El orgasmo de una mujer no se obtiene cuando le quitas la ropa, o cuando tocas su cuerpo.

El orgasmo de una mujer comienza cuando le mandas un mensaje,
cuando eres su primera sonrisa del día.

Comienza cuando la ves,
y en vez de hablar sobre ti y tu día, la escuchas, atiendes sus problemas, sostienes su mano, la miras a los ojos, en lugar de quedarte en el celular.

El orgasmo de una mujer no comienza sin ropa,
ni en la habitación de un motel,
comienza en las pequeñas cosas, hay veces en que ni siquiera involucra el sexo, puede ser la cercanía física, cuando sabes que la necesita, y que no le permite a nadie más.

El orgasmo puede ser, una charla profunda o una tarde de risa, aquella broma que hiciste y la hizo reír, cuando su alma, lo único que quería, era llorar.

El orgasmo, depende del estado de ánimo.
Puedes cogértela, "hacerle el amor", follártela, (o como le quieras decir), pero la intimidad va más allá de la simple idea de la penetración (una idea muy masculina -por no decir machista- y por ende, demasiado limitada), es jugar con su cuerpo, y su alma, es tocarla por dentro y por fuera.

Es saber que están en libertad, aún entre cuatro paredes.
El orgasmo no es una habilidad física, es sensibilidad emocional.

No es sostener su cabello y hacer que se sienta protegida,
no es apagar las luces y que se sienta insegura.
es simplemente acariciar su alma (más allá de su cuerpo) y sacarla a bailar.

Ilustración: "Dánae" | Gustav Klimt (Óleo y oro sobre lienzo, 1907)

Almas

on lunes, marzo 18, 2019
Dicen por ahí... Que las almas que se encuentran y se reconocen, nunca se sueltan; ni con la distancia, el silencio; ni con las vueltas que da la vida...