Historia En La Canción: "Europa VII".

on martes, marzo 31, 2009

Una noche como la de hoy, una mujer miraba las estrellas, al igual que alguien más lo hacía desde un punto lejano en el espacio, a miles de kilómetros de distancia... O mejor dicho: a millones de años luz.

Poco antes de que la hoja en blanco se convirtiera en el borrador que sería atrapado dentro del procesador de textos de una computadora, (para luego convertirse en un mensaje grabado en un disco de cristal); ella salió decidida, cuando la madrugada y el silencio envolvían por completo el lugar donde por tantos años vivió.

Con papel y pluma entre las manos, fue directo a sentarse sobre un tablón de madera sostenido sobre dos cubos de concreto, y que en el exterior de su casa cumplía con la improvisada función de ser una banca.

Llevaba ya varios días pensando en que sentía una inmensa necesidad de escribir una carta; pero como se trataba de un "mensaje especial", a pesar de sus ganas, decidió posponer el momento de escribirla; porque sabía que para lograr eso necesitaría hacerlo en un lugar y hora en que nada ni nadie la pudiera interrumpir.

Sentada en el exterior de aquella cálida noche, se distrajo por un momento con la visión de las luces de la ciudad brillando silenciosas como luciérnagas. Luego, como si hubiera sido un impulso salido desde lo más profundo de su alma, levantó la vista para observar el cielo, deseando con todo su corazón poder presenciar en ese instante el destello de una estrella fugaz deshaciéndose ante sus ojos, tal y como si fuera una señal de buen augurio...

Quizá era tan sólo que deseaba tener la suerte de poder identificar entre todos esos puntitos luminosos regados en ese manto oscuro, alguno que no pareciera estar "incrustado" y se desplazara atravesando el cielo de extremo a extremo, tal y como lo hacen los satélites...

Pensó en eso, en el momento cuando le enseñaron y aprendió a reconocerlos; en todas las cosas que había visto apenas hacía un tiempo muy breve, en un país lejano... Pensó en el mar, en el ruido del agua al rozar las rocas en el río; también en el sol que le acarició la frente con su calidez, mientras sentía bajo sus pies la humedad del pasto fresco o las particulas de arena disgregada de la playa, el sonido de las olas o de los árboles de un bosque real, (pero que al mismo tiempo parecía encantado); y la libertad que experimentó con el simple hecho de que el viento le rozara el rostro al viajar expuesta en un vehículo a gran velocidad...

Un montón de imágenes y pensamientos (que por la misma naturaleza de su valía no podían cotizarse a nivel monetario o en especie), se proyectaron como si fueran una película ante sus ojos... Entonces se entusiasmó, pues fue en ese instante que se dio cuenta que le gustaría contarle "lo que se sentía" experimentar todo eso, y así fue como empezó a escribir una "Carta a Futuro"...


50 mil años de distancia
... A miles de kilómetros de la superficie terrestre y luego de muchos años de haber llegado hasta ahí, tras haber viajado casi a la velocidad de la luz.

Era una de esas noches en que la estación espacial orbitaba muy cerca del planeta tierra. Faltaban pocas horas para que amaneciera y fuera el inicio de un día en que no habría que realizar alguna tarea especial de mantenimiento para la estación central.


Aprovechando esa circunstancia y también el insomnio de la madrugada, se calzó el traje espacial como en los días en que había actividades en el exterior del módulo espacial y decidió salir para dar un paseo.

A pequeños saltos provocados por la ingravidez, recorrió el pasillo principal que atravesaba de lado a lado la Estación Aeorespacial, y cuyo diseño transparente permitía ver no sólo los páneles solares, sino también el inmenso vacío sobre el cual se encontraba flotando esa estructura que desde hacía miles de millones de años era no sólo su hogar, sino el de muchísimas otras personas que a partir del Siglo XXI habían emigrado desde "El Planeta Azul".

En el cristal de su casco, fue la inmensa figura cilíndrica y luminosa que se reflejó en el instante mismo en que llegó a la parte central del pasillo. A pesar de que nació y toda su vida la había pasado en el espacio; desde siempre le gustaron los "libros holográficos" en los que se narraban las historias de como había sido ese planeta cuando todavía tenía vida y habitantes... En la época previa a que el daño ecológico y las guerras bacteriológicas acabaran con todo indicio de vida que ahí hubiera podido existir.


Sabía que algunos de sus antepasados vivieron ahí la mayor parte de su vida, mucho antes de emigrar al espacio... Pero como en su caso nunca pudo pisar el suelo terrestre y ni siquiera saber que se sentía "caminar" en un lugar en el que la fuerza de atracción permitía dar pasos sin flotar en el aire; todo lo que se relacionaba con la forma de vida de ese entonces, le parecía fascinante, pero al mismo tiempo le resultaba todo un misterio.

Durante las veces que le tocaba trabajar en el mantenimento de los páneles solares instalados en el exterior, ese era el pensamiento recurrente que se apoderaba de su mente; también se quedaba por momentos contemplando a lo lejos lo que quedaba de ese planeta y pensando en todas las historias que los habitantes de otro tiempo le hubiesen podido contar.


Durante las últimas semanas, esa idea había cobrado en su interior mucho más fuerza, debido a que había sido en uno de esos paseos nocturnos (que siempre culminaban a mitad del pasillo principal), le tocó observar el paso de una esfera que a pesar de tener unas alas artificiales, sobrevolaba majestuosa por el espacio y muy cerca también de la órbita terrestre.

Sin dudarlo ni un instante, en esa ocasión había sacado de una de las bolsas de su traje, uno de los instrumentos de navegación, que entre otras funciones podía brindar información de objetos orbitando a distancia, y fue así como descubrió que aquella extraña esfera que en la parte central de una de sus caras, tenía dibujado además de su nombre: "KEO"; también una representación gráfica del mapa del genóma humano.

La informacíon desplegada al inicio en su pantalla transparente, le hizo saber que llevaba cerca de 50 mil años navegando en el espacio, y que en su interior contenía además de millones de mensajes escritos en todos los idiomas y dialectos por la civilización humana del tiempo previo al año 2010; muestras de agua de mar y suelo terrestre, fotografías de personas de todas las culturas que vivieron en el planeta tierra; así como un disco con un compendio enciclopédico del conocimiento humano de esa época.

Si el interés y la curiosidad por El Planeta Tierra ya eran grandes, el satélite pasivo "KEO", contribuyó a aumentar más todo eso... Algunos días después se enteró que uno de los escudos térmicos, al hacer reacción por presión de las radiaciones solares, propició que el satélite volviera a la tierra; y al entrar en contacto con la atmósfera de ese planeta, su temperatura aumentara hasta casi alcanzar los 2800º C, generando así un fenómeno del que también había leído mucho en los libros holográficos, conocido como "Aurora Boreal".

Pero eso no fue lo relevante; ni tampoco que cuando eso sucedió pudo presenciar por primera vez lo que se sentía ser testigo de un fenómeno natural (aunque 50 mil años atrás la tecnología rudimentaria de ese entonces permitió calcular y manipular para que sucediera ese proceso).

Lo importante era, que cuando se enteró que podía recuperar uno de los miles de mensajes albergados en uno de los discos de cristal -y de los que al parecer nunca se pudo localizar nunca al destinatario- no dudó en gestionar todo para rescatar uno al azar y que por fin le permitiera realizar su sueño de conocer a través de las palabras de alguien de ese tiempo como fue en otro tiempo El Planeta Tierra.

El pasado estaba ahora en sus manos, todo lo que imaginaba se revelaría ante sus ojos y a través del reflejo de su casco con tan sólo oprimir un botón que decodificaría el idioma y el mensaje de una carta escrita 50 mil años antes de que esa noche sucediera...


"Tengo muchas cosas que decirte y no sé ni por donde empiezo... Me imagino en esta noche lo que pensarás al momento de leer esta carta y como podría yo, (habiendo vivido en una época con una forma de vida muy limitada y distinta a la tuya), compartirte todo lo que yo sé sobre una realidad que ni siquiera estoy segura si conocerás.

Yo pienso que lo primero que me preguntarías si en este instante estuviéramos frente a frente y mirándonos a los ojos, sería: ¿Cómo es la vida y qué se siente vivir aquí?...

Es algo complejo intentar explicarte con palabras; lo único que te puedo decir al respecto es que el mundo, en esta etapa que me tocó vivir a mi es un lugar hostil en el que muchos valores se han perdido y la violencia se manifiesta de todas las formas... La vida es difícil, pero si algo he aprendido en los años de vida terrena es precisamente que ninguna cosa es fácil; y así como existen tantas cosas negativas en la tierra; la vida misma te regala la posibilidad de encontrarle un sentido diferente a todo a través de todas esas cosas que no se compran con moneda corriente, o que por el mismo valor inconmesurable que tienen, no se pueden comercializar.

Ojalá en el tiempo que a ti te toque vivir, todavía exista el mar, las noches con estrellas, las emociones que te provoca leer una historia hermosa y fascinante o escuchar la letra y la música de una canción que parezca que alguien más escribió por ti.

Podría plasmar muchas líneas para contarte cómo son los lugares y las cosas más bonitas que no fueron creadas por la mano del hombre, pero creo que sería mucho mejor para ti si pudieras verlas con tus propios ojos y no sólo a través de una fotografía impresa entre las páginas de un libro de historia antigua...

Me encantaría que tuvieras la oportunidad de experimentar lo que se siente tocar con tus manos la corteza de un inmenso árbol, o la textura "rugosa" de la piel de un elefante; así como ser capaz de percibir el calor de los rayos solares en tu piel (sin temor a enfermarte).

Que pudieras caminar por ti mismo para recorrer caminos que te lleven a sitios que te hablen por si solos de su historia, de su gente y que con cada una de esas experiencias, tus sentidos y tu alma se llenen de mil imágenes, aromas y sonidos nuevos.

Desconozco si serás mujer u hombre; pero creo que más allá de eso, desearía que a pesar de lo que pase en el futuro, fueras una buena persona, con la capacidad para valorar en su justa dimensión lo que es realmente importante y que la transparencia de tu mirada revelara la ternura, tu capacidad de asombro y todas las emociones positivas que sin importar los defectos que puedas llegar a tener como persona, te lleven a ser alguien mucho más humano.

Espero que en el espacio y tiempo que te toque a ti vivir, ya no existan las guerras y se haya encontrado una cura para el cancer (que en mi tiempo fracturó a muchas familias al llevarse a mucha gente valiosa); que la depresión sea un mal erradicado y que la gente ya no se enferme y muera por
"padecer" ni a nivel físico ni emocional del corazón...

Ojalá que te enamores de verdad y experimentes la bendición de estar involucrado en el milagro de dar vida a otro ser humano; que por muchas complicaciones y problemas que puedan existir en tu época, tengas siempre el corazón lleno de sueños y que cuentes con un cómplice y amigo con el que puedas hablar de todo eso al final del día; que esté siempre ahí contigo para ayudarte a no perder la capacidad de asombro ni el valor de cada instante -a pesar de la distancia- y que tengas siempre presente el precepto budista que sostiene que: "nunca es demasiado tarde para ser niño".

Tu existencia, sin duda alguna será muy distinta a la mía, por eso yo no te puedo enseñar nada... Te puedo contar lo que a mi me tocó conocer y presenciar durante el tiempo que estuve aquí; y en base a eso regalarte algún consejo, pero creo que te serviría más si te digo que trates de aprender de cada persona que se cruce en tu camino y de cada experiencia que tengas que afrontar, para que puedas crecer como persona y tu vida sea siempre plena en todos los sentidos".


"Europa VII" / "A Las Cinco En El Astoria" (2008) / Track 06.



"Europa VII"
-Xabi San Martín - La Oreja de Van Gogh

Comienza la desconexión,
se acaba el aire y la energía,
no queda nadie en el control,
la nave flota a la deriva...

Y yo, con melancólica visión,
repaso ciencia y religión,
señalo el sol por la ventana:
"Allí vivía yo"...

Un diminuto punto azul,
se pierde en un millón de chispas,
es mi planeta a un día luz,
y una lección de perspectiva...

Y yo, muerta de miedo en un rincón,
pienso en mi civilización,
susurro en el puente de mando:
que "allí vivía yo".

Y entonces rompo a llorar,
y miles de gotitas violan la gravedad,
me quito la bandera de mi traje espacial,
y escribo en el reverso,
que soy de la humanidad...


Según indica el monitor,
me va quedando menos tiempo,
para sufrir la colisión,
que me devuelva al firmamento...

Y yo, escucho el eco de mi voz,
grabando esta retransmisión,
para que suene en el futuro,
y sirva de lección...

Y entonces rompo a llorar,
y miles de gotitas violan la gravedad,
me quito la bandera de mi traje espacial,
y escribo en el reverso:
"Yo soy de la humanidad"...

La frágil existencia milagrosa y casual,
la vida mas pequeña vale mil veces más,
que la nación más grande,
que se invente jamás...

Bitácora de Viaje: Visita a La Virgen Milagrosa

on viernes, marzo 27, 2009

Era un día lluvioso cuando llegamos hasta el lugar donde ELLA estaba. La Virgen Milagrosa se convirtió en alguien muy especial para Vane y para mi, incluso desde mucho tiempo antes que yo tuviera la certeza de que iría hasta Uruguay...

Como todos saben, los mexicanos somos muy devotos de La Virgen de Guadalupe; y yo nunca fui la excepción. Heredé la religión católica como parte de la formación que me brindaron mis padres, y desde niña aprendí a dirigirme a ella... Más creo que mi devoción en realidad comenzó a solidificarse cuando ya siendo una adolescente, le pedí con mucha fe un par de favores muy especiales que afortunadamente si me concedió.


El año pasado, durante las vacaciones de verano, fue la primera vez que pude estar frente a su imagen. La Basílica de la Ciudad de México fue el punto de encuentro, y la experiencia de haber estado ahí, al pie de su imagen, fue algo que resultó difícil para mi describir con simples palabras, pues más allá de haber llegado hasta ahí como miles de peregrinos: cargada de peticiones y con la fe adentro de la mochila; mi única intención fue conocer ese santuario -para poder escribir después- ¿qué se sentía? estar delante de algo tan grande y tan especial.

La Virgen de Guadalupe es en quien tenemos depositada nuestra fe todos los mexicanos; en lo personal y a pesar de que tanto mi madre y mi abuela me influenciaron con su creencia en otros santos; yo siempre recurrí a ella nada más.

Cuando era niña me parecía un poco extraño que se le llamara con distintos nombres, con el paso de los años comprendí que cuando tu oración es sincera y te sale desde el alma, la identidad o apariencia que ella tenga es lo que menos importa, pues del mismo modo te escucha.


A La Virgen Milagrosa yo no la conocía, ni mucho menos había escuchado hablar nunca de ella. Fue hasta cuando leí el libro de Soraya: "Con Las Cuerdas Rotas", que supe de su existencia, pues en un capítulo en específico, Soraya hace referencia a una experiencia muy especial que le sucedió en la playa de New Jersey, cuando su madre estaba muy enferma de cáncer, y Soraya recibió una respuesta a su plegaria a través de un viejo medallón que se convirtió en la prueba material de su fe.

Leer acerca de eso, fue una de las cosas que más me impactaron de ese libro; al grado de que transcribí esa anécdota
que a Soraya le dejó como resultado entre las cuerdas de su guitarra una de las canciones más hermosas que ella pudo escribir; pero a la par de eso, fue también la coincidencia "no tan casual" de que Vane me encontró gracias a ese libro, que por esa razón ya no me sorprendió tanto -cuando al poco tiempo de habernos conocido-, ella me contó que muy cerca de su casa esa Virgen tenía un espacio también.

Así fue como gracias a Soraya, La Virgen Milagrosa también se convirtió en una imagen especial para nosotras. De hecho, creo que cuando hicimos el listado de todas las cosas que queríamos llevar a cabo una vez que estuviéramos juntas, la visita hasta el lugar donde su imagen se encuentra fue el primer plan que encabezó la lista.

Conforme pasaban los meses y el viaje estaba cada vez más cerca; en esas interminables charlas que Vane y yo siempre tenemos y durante las madrugadas en que "alucinamos barato", surgió la idea de llevar "algo" como muestra de agradecimiento por nuestra amistad y porque la vida nos permitió coincidir a pesar de vivir en países tan distintos y a miles de kilómetros de distancia.


Yo ya había pasado varios días en Uruguay el día que finalmente decidimos ir hasta ahí. Esa tarde llegamos a casa de Vane a realizar algunos pendientes, y para aprovechar la vuelta y la poca distancia que hay de ahí hasta el lugar donde se encuentra La Virgen Milagrosa, nos lanzamos hacia allá.

Era una tarde fresca (más no fría) en la que del cielo amenazaba con caer una tormenta en cualquier momento. En las escasas cuadras que separaban la casa de mi amiguis de la pendiente donde al descender encuentras una vía y que es el camino para llegar; unas pequeñas gotas de lluvia casi imperceptibles, pero persistentes en algunos momentos nos empañaban los cascos y nos erizaban la piel.


Siempre que Vane me decía que ese sitio del que tanto habíamos hablado se encontraba demasiado cerca, la verdad yo nunca pensé que fuera tanto; pues yo calculo que fueron menos de 3 cuadras lo que recorrimos para llegar hasta una especie de subida, donde estacionamos la moto.

Ya de pie sobre esa especie de cerrito, caminamos unos cuantos metros, para descender de nuevo y tener acceso así a la vía del tren, desde donde ya visualizábamos el sitio exacto donde está La Virgen Milagrosa: Al pie de una cuesta, y pegada a la pared exterior y trasera de una casa; y fue muy curioso, porque esa zona me recordó un poco el barrio donde yo siempre he vivido.

Mientras caminábamos en dirección hacia la escalera de piedra que nos daría acceso hasta la especie de altar donde cientos de personas ya nos habían precedido a nosotras en espacio y tiempo, Vane me comentaba que en ese lugar -mucho antes de que la imagen estuviera- la gente rumoraba que pasaban cosas extrañas y se escuchaban voces por las noches...

Yo lo único que pensé al respecto fue que eso podía ser posible, puesto que al ser esa zona un lugar de tránsito para el tren, era probable que alguna vez y en otro tiempo hubiera ocurrido un accidente.

Hace tiempo leí en un libro escrito por un monje tibetano, que los espíritus de las personas que fallecen en condiciones violentas o en accidentes, son los que casi siempre se quedan atrapados para siempre en el lugar donde murieron; ya que a ellos no les "Cae el 20" de lo que pasó, no se dan cuenta que dejaron de existir en el plano físico o terrenal y por ende repiten una y otra vez el momento de su muerte...

Es como si fuera una especie de "Trauma" para ellos porque se quedan atrapados, no evolucionan ni se marchan hacia el lugar a donde se supone deberían irse y son precisamente todos esos espíritus los que se aparecen y por eso es que el monje tibetano recomendaba tener presente siempre en nuestras oraciones a todas esas personas y también encender una veladora de color blanco, ya que supuestamente eso les ayuda a encontrar el camino hacia la luz.

La verdad a mi eso nunca me pareció nada descabellado, puesto que más allá del cuerpo físico, por dentro somos "energía" y al morir, es precisamente eso lo que queda (pienso que nuestro cuerpo físico es como si fuera una especie de "estuche" que envuelve todo eso), y en el caso de los espíritus menos evolucionados es exacto lo que sucede: que una vez liberados de sus cuerpos y de una manera que tal vez no fue la más adecuada se quedan atrapados y es cuando no pueden evolucionar o descansar en paz.

Con esa idea en la cabeza, seguí sumando pasos junto a mi Mejor Amiga sobre el hierro de la vía; pensando en que era probable que al colocar la imagen de La Virgen en ese sitio todos esos entes y energías hubieran quedado neutralizados o hubieran sido por fin liberados (esta segunda opción confieso, es lo que me gustaría más creer)...

Al visualizar también a lo lejos la cantidad de flores y ofrendas que tenía el pequeño altar resguardado por un pequeño barandal color azul celeste; comencé a imaginar las historias de todas las personas que alguna vez han llegado hasta ese sitio, las cosas que eclipsaban su vida o la fe que fortalecía a su alma, y lo que sería si los pensamientos de todas esas personas al estar ahí, se pudieran escuchar al igual que sus peticiones...

Yo creo que cada persona, sin importar si es "creyente o no creyente", siempre tiene una historia que contar y que justifica su llegada hasta ese lugar "Sagrado"...

Nosotras no éramos la excepción y nuestra historia era demasiado simple, pero al mismo tiempo inverosímil, pues no es algo que le suceda a cualquiera, ni cosa de todos los días, el que dos chavas de países tan distintos, coincidan un día a través de un libro, que la persona que lo escribió yo creo jamás llegó a imaginar las consecuencias que tendría -mucho más allá de la intención tan simple que Soraya tenía de compatir su testimonio de fe y esperanza- puesto que era gracias a ella y a ese libro que Vane y yo terminamos también ahí.


Unos minutos antes, y todavía estando en casa de Vane, ambas redactamos una carta que llevaba también una foto impresa de Soraya; pues nuestra intención era, además de manifestar nuestro agradecimiento por todas las cosas que compartimos y solidificaron nuestra amistad desde Junio del 2007 (aunque Vane dio mucho antes con mi blog y lo leía sin que yo siquiera lo supiera); la intención era dejar "físicamente" algo que representara a Soraya, para quien La Virgen Milagrosa había sido una presencia tan mágica en los momentos más extremos de su vida.




Estando ya frente a la imagen, yo no hice ninguna petición ni oración en especial (no sé si a Vane le pasó lo mismo), lo único que recuerdo fue que tuve muy presente a mi familia y el nuevo año que estaba por comenzar... Quizá eso fue lo único que ocupó mis pensamientos: la idea de que el nuevo ciclo, más allá de estar lleno de cosas especiales concedidas para cada uno de nosotros, estuviera plagada de la fortaleza necesaria para los momentos en que los problemas de la vida diaria hacen que la fe se debilite...

Tal vez fue también que nos pasó algo similar a cuando estuvimos en La Gruta del Padre Pío... Que la misma energía que predomina en un sitio como ese, te deja tan en paz "por dentro" que no piensas en absolutamente nada, y te concentras nada más en disfrutar de el momento presente.

Fue así como entre todos esos letreros de gente que de alguna forma quiso dejar prueba o testimonio de su agradecimiento por algún favor recibido, el simbolismo de las veladoras (apagadas en ese momento), las flores y algunos otros objetos ofrecidos como ofrenda (y de entre los cuales me llamó la atención un cuaderno de escuela y una tesis encuadernada que algún estudiante llevó hasta ahí en señal de agradecimiento por haber concluído sus estudios); Vane y yo permanecimos un ratito, así casi sin decir nada, tomando algunas fotografías (que era un poco difícil por ser el espacio demasiado reducido y estar ubicado a unos cuantos metros de distancia del nivel normal del suelo).

En ese punto de mi estancia en "El Pequeño Paisito", a Vane ya le había salido el espíritu de fotógrafa que yo supongo ha tenido en su interior adormecido durante mucho tiempo...

La verdad me puso un poco de nervios, porque para poder captar imágenes completas del altar de La Virgen Milagrosa, mi amiguis no dudó en brincarse hacia la parte exterior del barandal para tomar desde allí algunas fotografías.

Creo que ya lo había comentado en otro espacio de La Bitácora, que como Vane y yo casi siempre saliamos solas, y la cámara que cargábamos para todos lados no tenía tripíe, se dificultaba mucho el asunto a la hora de querer tomarnos una fotografía juntas en algún sitio...

Nos daba mucha risa todo el relajo que siempre hacíamos para poder lograrlo... Cuando no encontrábamos algún "incauto" que pasara por ahí justo en el momento y que nos auxiliara con eso; al improvisado montaje (que casi siempre estuvo conformado por: el asiento de la moto o alguna otra cosa "Alta" que encontráramos, le poníamos encima la mochila y rezándole a todos los santos para que la cámara en la parte superior de todo eso no se cayera), terminamos por llamarle: "La Producción".

Era casi siempre en esos 10 ó 5 segundos que te da el obturador de la cámara para poder tomar una imagen, que Vane y yo nos moríamos de la risa, porque cuando alguna de las dos no alcanzaba a correr para llegar a tiempo y ponerse en pose de foto, la cámara quedaba desenfocada y salía todo a cuadro menos nosotras... Pero con el paso de los días, y a fuerza de "tanto echar a perder", como que medio aprendimos a calcularle la distancia, y Vane desarrolló mucho más que yo esa capacidad...

Cada vez que llegábamos a un lugar, yo ya ni siquiera me preocupaba, pues era ella "La Fotógrafa Oficial".

Estando frente a La Virgen Milagrosa no fue la excepción, y por eso fue lo que me puso de "nervios", porque aunque yo sé que mi amiguis es muy prudente, a mi me preocupaba que por la humedad de la tierra podía tener algún resbalón o paso en falso estando en la parte exterior de la reja... Afortunadamente no pasó nada, y pudimos no sólo captar la imagen completa de La Virgen, a mi en lo particular se me dio mucho por tomarle fotos a Vane, cuando no se daba cuenta (lo que dio como resultado imágenes como la que hay abajo de este párrafo) y algunas otras que salieron padrísimas, pero que serán parte sólo de nuestro álbum personal.


Algo que también me gustó mucho de estar ahí, fue que desde el punto donde el altar se encuentra, se puede ver gran parte de esa zona de Salto. Con las manos apoyadas sobre la reja, quise permanecer lo más que se pudiera en ese sitio, para poder ver y percibir la ciudad de la misma manera que durante tanto tiempo lo ha hecho Vane, pues eso representaba para mi, adentrarme todavía más en su mundo y en su vida cotidiana... Y eso aunque a veces sea sólo una sensación efímera, siento que me vuelve un poco más cercana a ella.


Sé que hubiéramos podido permanecer ahí durante mucho más tiempo, pero las gotas de lluvia comenzaron a arreciar justo cuando yo estaba transcribiendo en un cuaderno una copia de la carta que dejaríamos con la imagen de Soraya; mientras Vane me dictaba.

Lo de menos podría haber sido optar por quedarnos todavía un rato más sin importar que volviéramos a casa empapadas por la lluvia, pero con la cámara no podía pasar lo mismo; así que nos apresuramos a terminar de escribir para luego proceder a depositar la hoja con la carta y la foto en la parte de abajo de la imagen de La Virgen, donde muchos de los peregrinos que llegan hasta ahí depositan sus ofrendas.

Posterior a eso decendimos y retomamos el mismo camino, para regresar a casa con los tenis llenos de lodo, la ropa ligeramente húmeda por la lluvia y con el corazón cálido por la idea y las ganas de volver en un futuro no muy lejano de nuevo hasta ese sitio, para dar gracias otra vez...


VANE.



En nuestro post anterior (¿post anterior dije?, ¡uy! creo que ya me siento dueña de éste blog, ¡que rostro que tengo!) hablamos de alguien muy importante para todos Los Salteños: El Padre Pío.

Ahora es tiempo de La Virgen Milagrosa, muchos Uruguayos son devotos de esta Virgen, como su nombre lo dice es tan milagrosa que al momento de tener fe muchos la buscan, yo misma lo hice durante mucho tiempo, pero debo reconocer que después me alejé de ella, pero estoy segura que ella no se alejó de mí.

La tengo tan cerca de mi casa que era muy común pasar a visitarla, su imagen se encuentra en una vieja vía, los vecinos de la zona comentan que está ahí hace mucho tiempo, y que fue un pedido de la gente porque en ese lugar pasaban cosas misteriosas y poco agradables: se veían sombras e imágenes acompañadas de gritos que atemorizaban al mas valiente, yo no sé si eso es verdad, pero también dicen que después de haber dejado la imagen de La Virgen ahí todo fue paz.

También la capilla está muy cerca de mi casa, donde todos los veintisiete de cada mes se hace una misa, ya que el veintisiete de noviembre es el día de La Virgen Milagrosa. Como ya dije hace tiempo me alejé de su presencia, pero la volví a sentir muy cerca después de leer el libro de Soraya, la verdad que no me quedan dudas, después de pensarlo mucho y de relacionarlo con cosas increíblemente especiales entendí que el libro "Con Las Cuerdas Rotas" va más allá de mi admiración por Soraya, llegó a mis manos para afectar mi vida de una manera impresionante.

En el libro, Soraya cuenta un episodio relacionado con la fe, en un intento desesperado por creer y recibir una señal ella pide en la playa algo sin saber que era, al instante algo roza sus pies descalzos en la arena, era un medallón con la imagen de La Virgen Milagrosa.

A mí me pareció tan sorprendente eso, porque en donde vivía Soraya esta Virgen no era muy conocida y por ende no tenía muchos devotos; en ese momento comprendí que por algo mi casa está rodeada por su presencia, y tenía que sentirme afortunada por eso y no alejarme nunca más.

Por la relación de Soraya con La Virgen, y por la forma tan especial que Martu y yo nos encontramos, habíamos planeado ir a visitarla mucho tiempo antes de su llegada a Uruguay, fue tan mágico todo eso que no podíamos dejar de ir a agradecer.


Así fue como llegamos a la vieja vía una tarde gris, la verdad que yo sentí mucha emoción, tenía tiempo sin ir, ahora iba acompañada de mi amiguis, llevamos una foto de Soraya y una pequeña carta, yo creo que además de agradecer también hicimos eso para mantener muy presente el recuerdo de nuestra querida Soraya, y que mejor manera de hacerlo yendo a visitar a alguien que fue muy importante para ella.

Estoy segura que ahora La Virgen Milagrosa es un motivo más para estar cerca de Martu, para no perder la fe, para recordar eternamente a Soraya, y para entender que a pesar de todo siempre hay una razón para creer.


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La Carta:

En la vida no existen las casualidades, mucha gente va, mucha gente viene, pero hay personas que llegan para cambiar la vida de quienes se cruzan a su paso, y Soraya fue uno de esos seres especiales que iluminan y continuan iluminando con su luz.

Esta foto es el testimonio de eso y que queremos dejarla como muestra de que la amistad puede ser un sentimiento sin fronteras.

Soraya fue el vínculo que propició el encuentro entre 2 amigas: una de Uruguay y otra de México.

Martha y Vanessa son sus nombres y gracias a este ser lleno de luz, nos encontramos en el camino y ahora no podemos dejar de agradecer.

Por esta razón te venimos a visitar, para agradecerte y porque también fuiste muy importante para nuestra querida Soraya.

No te vamos a pedir grandes cosas, sólo que nos dejes vivir muchas cosas y todo lo que nos quede de camino sea maravilloso y si no es así, danos la fuerza para superar todo.

¡Gracias!

¡Soraya Te Queremos!!!



Continuará...


Un Año con La Chica de Las Estrellas Fugaces...

on miércoles, marzo 25, 2009


Existen en el ciberespacio miles de sitios... Yo los veo como "casas virtuales", porque en el caso de los blogs, cada vez que entras al sitio de alguna de las personas a las que lees con frecuencia (porque te gusta como escriben), es como si entraras a su casa y conocieras un poquito de su vida.

En el caso del blog al que quiero hacer referencia en este post, puedo decir que he tenido la enorme bendición de conocer no sólo a través de su espacio virtual a la persona que lo escribe.

Si tuviera que definir.... (¿O más bien describir?) cómo es el "espacio azulito" de La Chica de Las Estrellas Fugaces, diría que es un lugar al aire libre (el lugar más hermoso que te puedas imaginar), lleno de vegetación, con un enorme árbol azul al fondo y en el que durante las noches (sin importar la época del año que sea), puedes llegar para observar el cielo más brillante y lleno de estrellas que jamás hayas podido ver en ninguna parte (bueno sí, las noches estrelladas en Uruguay, son algo muy similar).

Yo lo encontré por casualidad un día... Y quedé fascinada con lo que encontré ahí: Ese lugar se volvió mi favorito, porque estaba habitado por una chica sencilla, con la mirada más transparente que he visto en toda mi vida (¡perdón Pausini y Soraya!); y quien a fuerza de tanto insistirle (porque ni siquiera ella se daba cuenta del gran tesoro que tenía en su interior), después de un tiempo construyó poco a poco y con paciencia un lugar muy cálido y tranquilo, en el que cualquier persona que llega hasta ahí, experimenta una sensación similar a cuando estás de visita en la casa de un gran amigo o de alguien muy querido, y te sientes tan a gusto (o como en casa), que no te da pena quedarte para dormir ahí hasta tarde, el tiempo se pasa rapidísimo y la mayoría de las veces no te quieres ir.

Es hermoso escaparse hasta ese lugar, sin importar la hora del día, porque en el instante mismo en que la imaginación de esa chica desplega sus alas y queda libre todo es posible...

Sentado bajo la sombra de ese inmenso árbol azul, puedes ver "El Cielo Al Revés"; palpar la nostalgia que se siente cuando te faltan cuentos y abrazos, o de la mano de dos niños tan especiales como Valentino y Alfonsina conocer como son los suspiros escritos y el color de los sueños cuidosamente resguardados en el interior de una bolsa de papel celofán.

Yo muchas veces he regresado para revivir una y mil veces -a través de las letras- la historia de El Viaje de Antonio... No importa que ya conozca el final, podría escuchar o leer mil veces el mismo cuento y me seguiría sorprendiendo de la misma forma que estoy segura lo ha hecho todo aquel que ha entrado a ese lugar y se ha tropezado desde la puerta del espacio azul con alguna emoción o sentimiento (que aunque no sea de su propiedad o no lo haya llevado como vestido cubriéndole el alma) logró percibirlo de la misma manera.

Dice La Chica de Las Estrellas Fugaces, que en ese lugar amanece más temprano, y la verdad yo no sé si eso sea cierto... Pero lo que si puedo constatar -porque lo he conocido- es algo relacionado con la idea de que en ese espacio azulito puedes descubrir el valor de un instante, conocer la forma y el color de los sentimientos (porque ahí se materializan)... De hecho hay unos en particular que no me gustan mucho que digamos (porque son muy humanos), y a veces me duelen bastante, pero aprendí a identificarlos el día que ella les puso una etiqueta que dice: "90 y 10"...

Me gusta tanto ese lugar, que me siento "un ser oscuro", cuando sale mi lado egoísta... A veces quisiera ser únicamente yo quien va y se sienta al pie del tronco del árbol azul, para pasar el tiempo que dura la eternidad junto a La Chica de Las Estrellas Fugaces, escuchando sus historias; mirando al cielo para diferenciar los satélites de las estrellas, pedir deseos a estas últimas, (aunque desconozco si estos algún día se cumplirán)... O llenando junto a ella mis Páginas Sueltas y de Colores con los dibujos de los sueños que se vamos tejiendo e ilustrando durante muchas madrugadas con los pinceles de su imaginación...

Yo sé que eso no es posible, por ser demasiado egoísta... No me gusta, pero lo reconozco, lo asumo y la mayoría de las veces me lo callo, porque que a veces ni ella misma se imagina todo lo que eso me afecta y me duele... Pero en el fondo sabe también que a pesar de eso -y al igual que toda esa gente- yo siempre voy a volver también sin importar si a nivel interior son días cálidos o de tormenta...

En ese lugar que existe desde hace exactamente un año, hoy llega gente de todas partes y se sienta tranquilamente porque sabe que ahí siempre encontrará algo que le falta, escuchará una canción que le llene el alma (y no sólo los sentidos), podrá leer una historia fascinante que aunque en apariencia sea fantasía, tendrá entre sus líneas algo de realidad y verdad...

Ojalá que este sea el primer año de los muchos que ese lugar mágico exista, ojalá que "La Chica de Las Estrellas Fugaces" entienda que no necesita más que alguien le sople viento a sus alas, porque nació con el don para poder desplegarlas por si misma...

Ojalá que los bolsillos de sus jeans y abajo de su cama siempre encuentre desperdigados sueños matizados con trocitos de inspiración... Que las musas le caigan siempre de sorpresa y decidan acompañarla cada vez que pose sus dedos sobre las cuerdas de una guitarra, cuando se asome tras el cristal empañado por la lluvia, o camine por la calle y se llene de ternura al encontrarse y contemplar la sonrisa de un niño...

Ojalá decida también quedarse mucho tiempo para compartirnos siempre esas historias increíbles y mágicas que delimitan la delgada línea existente entre el mundo real y el imaginario, pues sólo en la medida que existan personas como ella, con tanta luz y la capacidad para ofrecer y transportarnos de la realidad a un mundo tan distinto, podremos ser capaces de entender lo que es la magia, pero sobre todo creer que es posible que todo eso que se sueña, puede ser factible un día de convertirse en realidad.

Gracias a La Chica de Las Estrellas Fugaces, por un año de permitir adentrarnos a su mundo, y ojalá su espacio azulito, sea como esos cuentos que nunca tienen final.

"Remembranzas Fantasmagóricas" (Parte IV).

on martes, marzo 24, 2009


"A lo largo del Siglo XIX, cuando se llegaba a hablar de luto era sólo para deplorar que el período de duelo se iba haciendo más corto conforme se acercaba la nueva centuria...
Los lutos prolongados son señal de buenas costumbres"...


-Blanche de Géry-
(escrito en 1883)

Esta vez las sombras de la madrugada resplandecieron primero en la habitación de Margarita, quien aprovechando que su madre había salido a casa de una de sus amigas (lo cual representaba para ella un gran respiro); decidió aprovechar la ocasión, para con el pretexto de una cita con el modisto de Le Meson Worth, (para realizar unas pruebas y algunos ajustes a su vestido de novia); tras salir de allí -y con la suerte de que no tenía encima de ella la estricta mirada vigilante de su madre- ir a caminar al parque.

Después de ese paseo, llegó a casa y se recluyó en su habitación. De inmediato cerró tras de si la puerta, se despojó de los guantes y el elegante sombrero. Fue entonces cuando su mirada tropezó con una pequeña caja de color blanco envuelta con un listón de color morado, que entre el cartón y la tela que mantenía unida la caja y la tapa, tenía atorada una pequeña tarjeta con una caligrafía que en los últimos meses había aprendido a reconocer, a fuerza de tanto verla estampada en tinta, como la firma de Fernando de Iturrigaray.

Al mismo tiempo que se sentaba encima de la cama, arrancó la tarjeta para romperla y aventó con desdén la caja hacia el buró con la lámpara de noche... No necesitaba ni siquiera abrirla, sabía lo que contenía; pues cada día de la semana, sin faltar uno sólo puntualmente, Margarita recibió una orquidea de parte de él, acompañada de una tarjeta con sus
"respetuosos saludos".

A pesar de que Margarita lo conocía desde que eran niños (y en ese entonces le hacía la vida imposible), le parecía que Fernando, con el paso de los años se había convertido en un tipo demasiado serio, aburrido y solemne (al igual que todos esos hombres mayores con los que se reunía siempre su padre el doctor).

Por si eso fuera poco, odiaba su falta de originalidad que se hacía visible en ese tipo de regalos que de solo verlos, podían ponerla de muy mal humor...

Además le daba la impresión de que por ser hijo de uno de los médicos con mayor prestigio, sumado a los años que pasó estudiando en el extranjero, lo habían vuelto un tipo arrogante... Eso era lo que ella pensaba de él, estaba a punto de convertirse en su esposa, porque como hija de buena familia, le debía respeto a sus padres y a la palabra empeñada por ellos al establecer ese compromiso con los Iturrigaray.

Por eso era su deber aceptar ese matrimonio; porque sabía que siendo mujer, esa era la única forma que ellos tenían para asegurar su futuro; pero más allá de rezar (tal y como lo hacían las chicas de su clase y "en edad casadera"), porque Fernando resultara ser "un buen marido"; en el fondo ella, lo único que quería era ser completamente libre y estando casada y fuera del yugo de su madre, ya se las "ingeniaría" para lograr serlo por fin...

Margarita soñaba con entrar a la universidad -que a pesar de la aprobación de su padre- era Doña Águeda quien se lo tenía terminantemente prohibido... Pero bueno, esa era una triste circunstancia de su vida en la que ella no tenía ganas de pensar ni lamentarse en ese momento...

Su madre no había llegado aún, y si tomaba en cuenta que cada vez que Doña Águeda se reunía con sus amigas, la velada pintaba para largo... Eso le otorgaba cierto margen de tiempo disponible sólo para ella y que por nada del mundo debía desaprovechar...

Con la sonrisa entre pícara y divertida, fue y aseguró la puerta de la recámara colocándole el picaporte. Sin perder tiempo, abrió una de las puertas del enorme armario ubicado al fondo, para extraer un cesto con hilos y tela para bordado.

Luego colocó todo eso encima de la cama y del forro que quedaba colocado abajo del cojinete para atorar las agujas y los dedales, (en la parte final y más profunda de la canasta), extrajo un cuaderno de pastas gruesas y un estuche con lápices de madera y algunas tizas de carboncillo guardadas con gran meticulosidad adentro de una pequeña bolsita de tela.

El cuaderno tenía muchas anotaciones, Margarita escribía acerca de las cosas que pensaba y usualmente no podía decir...

Había devorado la mayoría de los libros que formaban parte del acervo que su padre tenía en su inmensa biblioteca, y en algunas ocasiones hasta escribía sobre eso; pero su cuaderno más allá de ser reflejo de las cosas en las que creía o pensaba; ella lo veía como un espacio donde podía disfrutar precisamente de esa libertad que en realidad no tenía para expresar lo que sentía, o las cosas que le impresionaban dentro de su pequeño mundo.

Hablaba también de sus sueños, y las páginas de esa especie de diario que más le gustaban, eran aquellas que tenían dibujos elaborados por ella misma, con los que ilustraba las historias fantásticas de las que a ella le hubiera gustado ser la protagonista, y también dibujaba con gran destreza imágenes de cosas o personas que formaban parte de su entorno, y al pie de las cuales escribía siempre lo que pensaba o las emociones que le producían...


Ese día en particular, durante su paseo por el parque se había encontrado con La Viuda de Altamirano y su pequeña hija Ximena.

Esa mujer tenía quizá la misma edad de Margarita; y a ella se le estremecía el corazón siempre que la veía, pues además de la pesada carga social que ya tenía por el uso forzado de las vestimentas en color negro y el velo hasta las rodillas -como parte de una tradición que pocas damas se atrevían a desafiar- Margarita "intuía", que más allá del luto que socialmente debía guardarle a su marido; su pesar por esa pérdida tan temprana en su vida, era genuino y verdadero.


En pleno final del Siglo XIX, e inicios del XX las normas sociales establecían que el período de luto podía durar -dependiendo de las costumbres y la alcurnia de la familia- entre 2 y 8 años... La Viuda de Altamirano llevaba cerca de 10 en los que nunca se dejó ver en lugares públicos o de diversión, o ni siquiera cerca de ellos (como los teatros, bailes o cafés).

Aquella tarde había sido toda una suerte verla en el parque, tan sólo porque por ser un día común de entre semana y por la hora, no encontró a nadie que se acercara a ella para darle esos saludos que denotaban lástima y conmiseración desde el primer acercamiento.

Sentada desde una banca a pocos metros de ella, Margarita comenzó a delinear sobre el papel en blanco los primeros trazos que una vez que tomaron forma, se convirtieron en los rasgos de La Viuda de Altamirano.

Continuó con su trabajo gráfico al llegar a casa, y a medida que deslizaba el carboncillo sobre la hoja, la imagen en el parque, de ella jugando con su pequeña, se iba dibujando con una facilidad que impresionaba, pues aún la mantenía tan nítida en su mente.

Quizá no se había dado cuenta, pero le impresionó demasiado el hecho de que era la primera vez en mucho tiempo, que en su mirada tan triste, se reflejaba (en la forma como veía a su hija), un sentimiento de amor y de luz.

Eso era lo que quería plasmar y no olvidar ese día... Realizó dos dibujos: uno en un intento por no dejar escapar esa imagen de la joven viuda con su niña; mientras que en el otro, detalló con gran precisión una parte del paisaje; y luego, como si fuese una de esas imágenes mágicas que salían de esos artefactos modernos llamados "Cámaras" y que Margarita tanto le llamaban la atención (al grado de que le había casi "rogado" a su padre para que se hiciera de una); además del vestido, logró atrapar la actitud de La Viuda de Altamirano.


En el caso del vestuario de Ximena, -al igual que el de otros niños en su época- este era una extensión del gusto y el atuendo de su madre, ya que los niños eran tratados como adultos a "escala".

Muchas veces utilizaban corsés de varillas de ballena que dificultaban la movilidad y hasta la respiración; pero con el simple hecho de observarlas a ambas a lo lejos, Margarita se había dado cuenta de que a pesar de que la ropa de Ximena obedecía más al seguimiento de una norma social, y no fue diseñada conforme a sus necesidades; su madre: La Viuda de Altamirano, no había sido tan estricta con ella en ese sentido, pues su ropa no era incómoda y ceñida, como todas aquellas prendas que tenían el doble propósito de corregir en los niños la postura y formarles un cuerpo acinturado.

Si ese dibujo de Margarita se hubiese conservado hasta nuestra época, a simple vista habría denotado además de los dictámenes de la decencia y el decoro respecto al luto, las reglas que la misma sociedad aplicaba para el atuendo de los niños también...

La sensibilidad de Margarita era tal, que para todos aquellos que fueran "un poquito más observadores", habría sido totalmente perceptible el indisoluble lazo de amor que existía entre madre e hija y que se proyectaba a través de ese dibujo -que prácticamente era una fotografía en boceto- pues había logrado captar lo material y aparente; pero al mismo tiempo, las emociones y sentimientos entre los cuales destacaba en sobremanera la inocencia de la pequeña Ximena.

Terminó el dibujo y se quedó observándolo un poco, pensando todavía en todo lo que durante esa tarde vió en el parque... Casi no la conocía, pero había algo en ella que le llamaba mucho la atención...

Aquella tarde, La Viuda de Altamirano -sin saberlo siquiera- la hizo cambiar la percepción que hasta entonces había tenido acerca de ella, pues tras esos ropajes oscuros percibió una sensibilidad y dulzura que en nada coincidían con todo lo que sabía y había escuchado decir en todo ese tiempo acerca de ella.

Entonces, como guiada por un impulso, ella misma interrumpió sus pensamientos, pues de pronto experimentó la imperiosa necesidad de ir a sentarse en el banquito cercano a la pequeña mesita (que en otra casa hubiese servido sólo como ornamento para sostener algún florero), pero que dada la personalidad de Margarita, en su habitación, tenía un mejor uso y era el espacio donde ella siempre tenía papel y un tintero listos para escribir.

En las primeras líneas expresó que había estado en el parque y por primera vez había notado diferente a La Viuda de Altamirano... Luego de algunos minutos en los que no apartó la pluma del papel (porque no podía dejar de escribir), su mano se detuvo de pronto y como si hubiese sido la proyección de una película de cine mudo, comenzó a recordar que años atrás ella y su familia estuvieron presentes en la boda de aquella mujer conocida como Verónica de Altamirano; quien al igual que Margarita estaba a punto de hacerlo, había tenido que casarse para cumplir con un compromiso pactado por sus padres.

Agustín Altamirano, (quien en vida fuera su esposo), había sido un hombre mucho mayor que ella. La conoció durante uno de los muchos viajes que realizó a la ciudad de Puebla, y se enamoró a primera vista de ella, después de algunos meses en que la cortejó -con el permiso de sus padres- se comprometió en matrimonio y la llevó a vivir a la misma ciudad que él y fue así como entró al mismo círculo social en el que se desenvolvía La Familia Alcaraz.


A pesar de que no era una mujer apática, Verónica nunca se hizo a la idea de vivir tan lejos de su familia y por lo mismo casi no "socializaba"; vivía dedicada por entero a su esposo y a su hija, hasta que Agustín murió...

Nadie supo bien a ciencia cierta: ¿Qué cosa había pasado?, en los obituarios y los rumores "oficiales" se decía que el fallecimiento de Agustín Altamirano fue por causas naturales, pero dada la fama de introversión de Verónica, corría también la "Leyenda Negra" de que había sido ella misma quien lo había asesinado para quedarse con su fortuna...

Nunca se comprobó nada, pero el rumor persistió con los años y muchas mujeres de sociedad, (entre ellas el selecto grupo de amigas de Doña Águeda); la señalaban y "cuchicheaban" a sus espaldas cuando la veían pasar, llamándola por el sobrenombre de "La Viuda Negra".

Margarita, por ser una mujer joven que pensaba distinto, nunca se dejó influenciar por esos comentarios y nunca participaba en los chismes o comentarios irónicos que se hacían en torno a ella.

Muy por el contrario, en cuanto escuchaba que se iban a empezar a hacer comentarios malintencionados a expensas de La Viuda; Margarita se levantaba de su lugar y se iba hacia otro lado; ya que estaba convencida de que era muy injusto el trato que la sociedad le daba a esa pobre mujer (cuyo único defecto era "no tener marido").

Margarita siempre se negó a creer la leyenda negra que se cernía sobre Verónica de Altamirano; pues ella recordaba que a pesar de que en su boda no lució precisamente como "La Novia Más Feliz del Mundo", algunos años después, Margarita recordaba haberla visto como una mujer que en la creciente devoción y atención a su familia, reflejaba el inmenso amor y respeto que había logrado sentir por su marido.

Ese último pensamiento la estremeció... ¿Le pasaría a ella lo mismo con Fernando?... Exhaló un soplo de aire, en un intento porque la gama de sentimientos encontrados que le producía pensar en su próximo matrimonio no se apoderaran de ella y la hicieran sentir triste.

Pero bueno... Ya habría tiempo de preocuparse por eso... Volvió a centrar sus pensamientos en Verónica y en que aquella tarde -tras haberla visto en el parque- algo en su interior le dijo que aquella mujer no era lo que parecía, ni como todos pensaban y tampoco supo ¿Por qué razón?, pero experimentó un gran deseo de conocerla y ser su amiga...

¿Conocerla?, ¿Pero cómo acercarse a ella? Si era una mujer que pocas veces se dejaba ver en público... Tras unos instantes con la pluma suspendida a escasos centímetros de la hoja y con la mente prácticamente con un solo cuestionamiento dándole vueltas: ¿Cómo hacer?,¿Cómo hacer?... De pronto una idea vino de golpe y su corazón se estremeció.

¡Sí!, eso haría... Volvería al parque cada tarde, y con el pretexto de realizar un dibujo más detallado de su hija, se acercaría a ella... Tal vez si se mostrara "desconfiada" ante su propuesta, llevaría su preciado cuaderno de dibujos y anotaciones para mostrárselo y compartir todo eso que hasta ahora había sido su más preciado secreto.

Se levantó de la silla sobresaltada, pues cayó en la cuenta de la velocidad con la que su mente comenzó a idearlo todo... No lo podía creer.... ¿Era verdad que estaba contemplando la idea de compartir con alguien desconocido lo que para ella era tan valioso y nadie nunca había visto?... Era una idea totalmente descabellada, pero algo le decía que debía hacerlo...

Tal vez corría el riesgo de que Verónica no sólo la rechazara, sino que además la tachara de "loca", pero era muy contradictorio porque algo en su interior le decía que esa no iba a ser su respuesta, sino todo lo contrario...

De verdad le emocionó la idea de poder llegar a ser su amiga, Margarita conocía a varias chicas de la misma edad que ella -e hijas de algunos de los amigos de sus padres- pero nunca había logrado solidificar un lazo de amistad sincero con ninguna, puesto que a diferencia de ella, todas eran "niñitas bobas" que lo único que tenían en la cabeza eran los vestidos y lujos, así como las "cualidades" que toda "señorita decente" debía aprender a cultivar para lograr atrapar un buen marido.

Todas las tardes, tres veces por semana, Margarita asistía a clases de bordado y manualidades muy cerca de la residencia de Verónica y del parque donde aquella misma tarde la encontró. A pesar de que odiaba esas clases, esta vez prácticamente consideró una bendición que su madre la hubiera seguido obligando a ir, pues gracias a eso, ahora tendría el pretexto y la coartada perfecta para poder llevar a cabo su plan... Sobre todo sin tener que darle cuentas de lo que pensaba hacer a su madre...

Las campanadas en punto de la hora y que provenían del reloj ubicado en la parte central de la sala, la hicieron volver a la realidad de súbito...

Se apresuró a guardar su cuaderno y todo lo que había extraído del cesto, para devolverlo de nuevo al armario. Luego, de pie sobre el ventanal que asomaba a la calle, comprobó que con una exactitud escrupulosa, el carruaje que traía a su madre de regreso estaba atravesando en ese momento el umbral del barandal exterior...

La sola idea de tener la posibilidad de elegir por ella misma alguien a quien brindarle su amistad, sin fijarse primero en sus apellidos o la cantidad en que valuaba su fortuna, la hizo sentir por primera vez y en mucho tiempo: emocionada y "libre"...

Margarita era una chica que a pesar de la época tan represiva en que le tocó vivir, confiaba mucho en lo que sentía y se dejaba guiar con frecuencia por las cosas que su corazón intuía... A pesar de su abolengo, educación y posición social, era una mujer sencilla que se emocionaba más con el valor inconmesurable de las cosas que no se podían comprar.

No sabía porque, pero algo le decía que ella y Verónica podían llegar a ser amigas... No quería quedarse con las ganas de averiguarlo... En los próximos días volvería al parque y se arriesgaría para intentar propiciar un encuentro...

La suerte estaba echada, pero tendría que esperar -al igual que todos nosotros- el amanecer de una nueva "madrugada" para en un espacio que ya no era perceptible a los sentidos, seguir escribiendo su propia historia...


Continuará...