Historia en La Canción: "El Fantasma de La Ópera".

on jueves, octubre 29, 2009

Una vez más se termina el mes, y este en particular fue especial, gracias a la visita de Sarah Brightman a Ciudad Juárez.

La Historia en La Canción de este mes, además de tener un tema "Halloweenesco" (con motivo de las festividades de Octubre), quise que tuviera un tema de esta gran artista (considerada como la soprano más importante de la época contemporánea); primero, como agradecimiento por ese maravilloso concierto que representó algo histórico para todos los que vivimos en esta ciudad fronteriza, y que fue como un bálsamo después de tanta violencia, que nos brindó también la posibilidad de olvidarnos por una noche de todo lo malo que pasa en esta tierra que tanto amamos los que somos (y también los que no), somos de aquí.

Sarah Brightman en su interpretación de Christine Daaé en 1984.


Curiosamente la última noche que cierra el décimo mes del año, Sarah estará cantando en la zona arqueológica de Chichen Itzá, en un concierto que seguramente será inolvidable para todos los que tengan la fortuna de estar ahí y fascinarse con su voz.

Mientras eso sucede, desde esta tierra desértica, y en particular desde este humilde blog, la intención es rendirle una especie de homenaje en agradecimiento por regalarle a nuestro país momentos tan especiales, y que mejor que hacerlo contando la historia de la canción que la dio a conocer ante el mundo: "El Fantasma de La Ópera".


La mayoría de nosotros conoce ya de lo que trata esta historia, que es una de las más famosas en la historia del teatro musical de Broadway... Sabemos que es una ópera romántica y fascinante sobre Erick, un hombre desfigurado (del que se cuentan muchas leyendas), pero que la más común es que se trata de un espectro que habita en los subterráneos de La Ópera de París y por algún tiempo se ha dedicado a horrorizar a los artistas y empresarios del teatro, hasta que este genio musical se enamora perdidamente de Christine Daaé, una bellísima soprano a la que conoce y lo cautiva con su voz, cuando ella sustituye a otra actriz en la ópera "Fausto" de Charles Gounod (de la que ya hablé hace 2 años aquí en el blog).

Erick "El Fantasma de La Ópera, Christine Daaé y Raoul.

Este "oscuro", pero al mismo tiempo atractivo personaje, desarolla un amor casi, casi obsesivo por Christine, a quien convierte en su "Ángel de La Música" (supongo yo que de ahí el sobrenombre que muchos adoptaron para Sarah Brightman desde entonces); y así es como esta joven doncella se ve dividida entre la fascinación que siente por "El Fantasma de La Ópera" y su eterno enamorado Raoul, desatando la furia de su mentor musical, quien posee extraños poderes que dan paso a fatídicos accidentes provocados por candelabros, y sucesos fantasmales que aderezan este "triángulo amoroso", que se convierte en la premisa fundamental de este musical.

... Pero bueno, como este es un post de la sección "Historia en La Canción", más allá de lo que trata esta ópera, me gustaría contarles lo que hay detrás de "El Fantasma de La Ópera"...

Sobre la Obra Original...


Para empezar, este "Señorcito" de lentes y medio gordito que ven en la imagen que encabeza este párrafo es Gastón Leroux, periodista y escritor francés, autor original de "El Fantasma de La Ópera".

Él vivió en la época en que París era la cuna de la revolución bohemía, a finales del siglo XIX y se dice que para escribir esta historia de amor, misterio y terror, se inspiró en el escenario del Teatro de La Ópera de Paris, lugar del que por mucho tiempo se dedicó a investigar los extraños sucesos que ocurrieron a finales de esa época.


La pasión que Gastón Leroux sentía por el teatro también fue un factor importante para que en el marco de esta época, él creara esta historia que ahonda en los misterios más profundos de este lugar tan mágico y especial.

Lamentablemente Leorux no llegó a vivir lo suficiente para disfrutar del éxito de su novela, pues murió en 1927, a la edad de 59 años.


Sobre el Musical de Andrew Lloyd Webber.


Para nadie es desconocido el nombre de Andrew Lloyd Webber, quien es como una especie de "Rey Midas" del teatro musical, porque montaje que elige para poner en escena, se convierte en un rotundo exito y rompe records de permanencia, no por nada musicales como "Cats", "Evita" y "Jesucristo Super Estrella" son producciones que tienen su sello.

Steve Barton (Raoul), el director Harold Prince, Michael Crawford (Erick-El Fantasma), Andrew Lloyd Webber y Sarah Brightman (Christine) en una representación el 26 de Enero de 1988.

En el caso de "El Fantasma de La Ópera" la versión de Sir Lloyd Webber (porque ahí donde lo ven tiene el título nobiliario de Barón de Sydmonton), no surgió de la nada, se dice que él se inspiró para crear su propia versión en otro musical que también contaba la misma historia y era una adaptación hecha por Ken Hill, presentada en el Teatro Royal Stratford East en Londres en 1984.

Sarah y Andrew en la celebración por el 20 aniversario de El Fantasma de La Ópera.

"El Fantasma de la Ópera", el musical de Andrew Lloyd Webber se estrenó en 1985 y ha sido desde entonces un suceso dentro del teatro musical, que incluso llegó a cotizar en la bolsa de valores. La partitura original fue compuesta especialmente por Lloyd Webber para la voz de Sarah Brightman (quien en ese entonces era su esposa), y fue gracias a este musical que el resto del mundo la conoció, cuando ella le dio vida a la primer Christine Daaé que se representó en teatro, y fue durante muchos años la protagonista del musical que se estrenó tanto en Londres como en Broadway, alternando el rol protagónico junto a Michael Crawford.... (¡Graciaaaaaaaas Andrew si no fuera por ti, jamás habríamos conocido la voz de Sarah!!!!

"El Amor Nunca Muere... ¿o La Historia de El Fantasma Continua?

Pues no es por intrigar... Pero si los que vieron el musical alucinan tanto como los que no lo hemos visto nunca, pero quedamos fascinados con la película del 2004, dirigida por Joel Schumacher (y que por cierto el DVD contiene en los "Extras" un reportaje muy padre sobre el musical original protagonizado por Sarah); se van a ir de espaldas al igual que yo cuando se enteren que Lloyd Webber, en el 2010 va a estrenar la segunda parte de esta historia tan romántica y que se titula "Love Never Dies" ("El Amor Nunca Muere").

La imagen que ven al pie del párrafo anterior, es el poster promocional de ese musical, con el cual Sir Lloyd Webber planea retomar los escenarios teatrales, para representar la continuación del triángulo amoroso entre El Fantasma, Christine y Raoul...

Supuestamente el montaje se ubica cronológicamente 10 años después, (en 1907), luego de que El Fantasma se ha mudado a Nueva York para instalarse como el jefe de un parque de diversiones de Coney Island. Sintiéndose a gusto entre los fenómenos de la feria, alcanza el éxito, pero aún añora volver a escuchar la voz encantadora de su amor perdido: Christine.

Es así como él encuentra la forma de contactar a Christine, ahora casada con Raoul con quien tiene un hijo, y la atrae a Coney Island, donde ella se da cuenta de que la obsesión oscura y apasionada de El Fantasma nunca murió. La secuela le da un rol mucho más prominente a este personaje, que tenía relativamente poco tiempo en el escenario en el musical original.

En el papel de El Fantasma estará Ramin Karimloo, el intérprete de ese rol en el West End de Londres, y Sierra Boggess será Christine.

En el sitio oficial del musical hay un video padrísimo en el que Andrew Llyod Webber presenta esta nueva secuela (se me puso la carnita de gallina, porque la música está hermosaaaa!!!)...

¿Pero El Fantasma de La Ópera de Verdad Existió?...

Como todas las historias que se vuelven parte de la cultura popular, "El Fantasma de La Ópera", al ser una obra que fue escrita hace ya casi 100 años, tiene muchos "recovecos" que nos hacen dudar acerca de que tanto es ficción y que tanto es realidad... Por ejemplo, se dice que tras numerosas investigaciones en la Biblioteca Nacional de la Ópera, se ha encontrado que la soprano Christine Nilson encaja asombrosamente con las características de la protagonista de la novela de Leroux: Christine Daaé

Se dice que ambas interpretaron los mismos papeles en las representaciones operísticas en La Ópera Garnier, también fueron protegidas por una institutriz llamada Valerius, y terminaron casándose con un vizconde, entre otras asombrosas coincidencias…


En el caso de Erick, el hombre del rostro deforme del que se habla en la novela, esta es la parte más interesante, porque se dicen muchas cosas respecto a él.

Algunos dicen que no existió un personaje como tal, pero sí un hombre que estaba desfigurado y usaba una máscara para no dar miedo… que vivía un amor platónico con una actriz.

Otras leyendas afirman que Erick (o El Fantasma) durante un tiempo fue parte de un espectáculo de ferias, en el que lo presentaban como "El Cadaver Humano", y fue gracias a eso que él pudo viajar por Asia y Europa, además que ese ambiente circense le permitió adquirir conocimientos de acrobacia, formación musical, y se convirtió en experto ventrílocuo.


También se dice que fue uno de los arquitectos que construyeron La Ópera de Garnier de París, edificio bajo el cual se construyó un lago artificial usando 8 bombas hidráulicas que servían para resolver el problema que se tenía con el nivel del agua subterránea, lo cual él aprovechó para construir un laberinto con túneles y pasillos más bajos. Como consecuencia de conocer como la palma de su mano cada uno de los pasajes secretos del edificio, le permitía llegar a cualquier parte de la ópera sin que nadie se diese cuenta.

Erick también era un genio musical, y empezó a visitar La Casa de la Ópera para escuchar óperas e interferir con el supuesto mal gusto del gerente. Al no poder enseñar su cara en público, se caracterizó como un fantasma y usaba la violencia para chantajear a los gerentes de la ópera y someterlos a su voluntad.


Por último, la famosa lámpara del salón de actos que cayó contra el público, ocurrió realmente en la
Ópera Garnier en mayo de 1896, matando a una portera. Este desastre fue ampliamente difundido en todos los periódicos de la época....

La Interpretación de Sarah Brightman


Michael Crawford y Sarah Brightman, la primer pareja protagónica que tuvo este musical.

Obviamente para cerrar el post, la cereza del pastel tiene que ser la canción interpretada por Sarah Brightman... Después de haber conocido La Historia en La Canción de El Fantasma de La Ópera, van a entender muchos de los elementos que aparecen en este video de 1984 en el que vemos a una Sarah Brightman mucho más joven y físicamente muy distinta a la que conocemos hoy, pero que sigue conservando el mismo encanto en su voz.

Este video está un poco chistoso, porque los efectos de edición
(supongo yo que por la época en que se grabó) son muy "arcáicos"... Se nota que todavía no existía el "after effects" y me llama la atención que quizá por ser una versión libre de Andrew Llyod Webber es muy probable que haya decidido que en la representación teatral que se simula dentro del video es en la que está actuando Christine, no es Fausto, pero por el vestuario no estoy tampoco muy segura si se trata de "Cleopatra", la ópera de Massenet... (si algún despistado que conozca más sobre esto, me puede aclarar ese dato, se lo agradeceré mucho)...

Por último... Hay varias cosas que justifican que me guste tanto
"El Fantasma de La Ópera":

1. Me parece una historia súper romántica y original.

2. Cuando yo conocí la historia del musical, todavía no era tan fan de Sarah, pero quedé fascinada con la película y me pareció un regalo muy especial que Andrew haya escrito el musical especialmente para Sarah... ¡Wow! ¿Que detalle tan romántico no?.... Aparte aunque no sea una historia original de él, la música si lo es y algunas canciones son hermosísimas, como "The Music of The Night".

3. La película nunca la pude ver en el cine, y cuando la vi en DVD me encantó, pero también me di de topes en la pared por haber dejado que se me pasara en el cine...
(me fascinó el vestuario).

4. La razón más importante... Gracias a
"El Fantasma de La Ópera" conocemos y podemos disfrutar de la música de Sarah Brightman, que bien merecido tiene ese adjetivo de "El Ángel de La Música".

Nota:
Como ya había comentado en otro post, existen varios discos recopilatorios en los que Sarah incluye versiones de una misma canción. En el caso de este tema, viene incluido en varias versiones de sus CDS
, pero si quieren tener el dueto original, este es con Michael Crawford y está grabado sólo en el soundtrack original de "El Fantasma de La Ópera"...

Ahora sí, aquí concluye
La Historia en La Canción del mes de Octubre. Espero que les haya gustado mi post (a mi, la verdad me emocionó redactar todo esto para compartirlo con ustedes), y ojalá que también disfruten el video.

"The Phantom of the Opera" (Original 1986 London Cast) - Track 5 - Act One, Scene 4.

"The Phantom Of The Opera"



Christine:
In sleep he sang to me
in dreams he came
that voice that calls to me
and speaks my name.

And do I dream again
for now I find
The Phantom of the Opera is here
inside my mind...

Phantom:
Sing once again with me,
our strange duet,
my power over you,
grows stronger yet.

And though you turn from me
to glance behind
The Phantom of The Opera is there...
Inside your mind...

Christine:
Those who have seen your face
draw back in fear
I am the mask you wear...

Phantom:
It's me they hear...

Ambos:
Your / my spirit and my / your voice
is one combined
The Phantom of The Opera is There
Inside my / your mind

Voices:
He's there The Phantom of The Opera...

Christine:
He's there The Phantom of The Opera

Phantom:
Sing my angel of music...

Sing for...

Sing my angel...

Sing for me!!!

“El fantasma de la Ópera existió de verdad. No era, como se creyó por largo tiempo, una criatura producto de la imaginación de los artistas, la superstición de los empresarios o la mente absurda e impresionable de las jóvenes integrantes del ballet, sus madres, las acomodadoras, los empleados del guardarropa o el portero… No, era de carne y hueso, aunque tenía todos las características externas de un verdadero fantasma, es decir, de un espectro”...

- Gastón Leroux, Autor del libro: "El Fantasma de La Ópera" (1910)-

Remembranzas Fantasmagóricas (Parte XIII).

on domingo, octubre 25, 2009


Aún no amanecía del todo, pero la visibilidad durante esas primeras horas del día, ya era más que suficiente para percibir la belleza del paisaje desde la ventanilla del vagón en el que Margarita viajaba con destino a la ciudad de México, para reunirse con Fernando.


Había despertado muy temprano, con la intención de escribirle una carta a su amiga Verónica, justo cuando el tren estaba llegando ya casi al final de su travesía. Durante cerca de 20 minutos, y sin apartar la pluma del papel que constantemente humedecía en el interor del tintero, Margarita a través de todas esas letras y palabras que escribía con tanta premura, intentaba compartirle todo cuando había sucedido durante todos esos últimos días que permanecieron sin verse, y por ende: sin hablar.


Era la primera vez que ella se sentía desconcertada respecto a algo relacionado con su mejor amiga. A unas cuantas semanas de que se hubiese realizado la gala en el Edificio de la Aduana (con motivo de la vista del Presidente de Estados Unidos); Margarita se había quedado no sólo con las ganas de presentarle por fin a su prometido, si no que además no entendía bien a ciencia cierta la razón del extraño comportamiento que su amiga mostraba desde entonces.


Un par de días antes de partir con destino a la capital del país, para atender una invitación que el propio Presidente Diaz le hiciera a ella y a Fernando, para que lo acompañasen a pasar una velada en El Castillo de Chapultepec (lugar que la familia del mandatario, usaba como casa de veraneo), Margarita intentó buscar a Verónica, para convivir en las horas previas.


Sin embargo, no sólo le había desconcertado, que de buenas a primeras, al llegar a su casa una mañana se encontró con la noticia de que ella simplemente ya no estaba, pues se enteró a través de la gente de servicio (que en forma permanente permanecía a cargo de su casa), que su mejor amiga decidió de modo repentino, abandonar la ciudad para viajar hasta el estado de Puebla, lugar del que Verónica era originaria y en el que todavía se encontraba gran parte de su familia.


Aquello no tenía nada de malo… Sin embargo había algo extraño en todo eso, que Margarita no lograba entender… “Se suponía” que entre ellas no existían los secretos; por esa razón le desconcertaba tanto, el hecho de no haberse enterado antes de los planes de aquel viaje repentino; y aunque semejante decisión podía haber sido resultado de alguna emergencia o algún imprevisto; algo en el fondo, le hacía saber que no era así…



A Verónica le pasaba algo, lo había notado en la forma tan seria y despectiva con la que la trató la última vez que se encontraron en el atrio de la capilla en la que casi siempre coincidían. Como Margarita era una de las chicas que impartía el catecismo a los niños de la parroquia de la zona, era muy común que ella y Verónica se encontraran, cuando esta última pasaba por la pequeña Ximena, para luego llevarla a casa.


En otro tiempo, hasta esos encuentros habían sido divertidos, ya que por la prohibición que Margarita tenía (por parte de Doña Águeda), para entablar amistad con una mujer sobre la que recaían tantos falsos prejuicios tan sólo por ser viuda; esos momentos en la iglesia, incluso durante la celebración eucarística o los días de la semana en que se exponía sobre el altar “El Santísimo” en la llamada “Hora Santa”, tanto Margarita como Verónica se ofrecian siempre para auxiliar; porque además de que eso les permitía proyectar una imagen de “buenas cristianas”; ese tiempo dentro de la iglesia era el pretexto perfecto para poder convivir más tiempo y conversar sobre sus cosas, sobre todo en los días en que Margarita no tenía ningún pretexto “creible” o suficientemente “convincente” para poder salir de su casa.


Mientras escribía aquellas líneas, Margarita repasaba los recuerdos de momentos acumulados en todo ese tiempo, en los que aprendió a conocer y a querer como una hermana a aquella mujer a la que todo mundo señalaba.


No pudo evitar sonreír al acordarse de la cantidad de ocurrencias que juntas habían ideado en las tardes mientras permanecían trabajando en el taller de Verónica.


Se soprendió al darse cuenta de que desde los primeros encuentros “casuales” en el parque, sumado a las charlas –breves en un inicio- y luego interminables (que encontraron su extensión en las cartas) y con el tiempo se volvieron tan beneficiosas para ambas a nivel introspectivo; todo eso propició que en pocos meses se estrechara y solidificara entre ellas un lazo de amistad y complicidad que difícilmente llega a darse entre dos personas y más en esa época.


La realidad era esa, Margarita ya no se sentía tan sola y tan incomprendida desde que Verónica se conviritió en su mejor amiga y hermana. En el fondo sabía que ese sentimiento era recíproco... Pensaban de la misma manera, compartian los mismos ideales y hasta el hecho de estar trabajando juntas en un proyecto creativo (que era algo inusual para las mujeres de su clase y de su época), representaba un motivo más para reafirmar la certeza que tenía de que aquella amistad no era otra cosa más que la respuesta a algo que ella tantas veces pidió cuando se sintió sola, y había llegado a su vida en el momento justo, en forma de una hermosa bendición.


Margarita sabía que a pesar de que la buscó para tratar de averiguar ¿Qué pasaba? Y aclarar las cosas. Por cuestión de tiempo, sus esfuerzos resultaron ser insuficientes y aunque no entendía ¿por qué?, ni tampoco sabía qué estaba pasando en el corazón de su amiga, no quería que aquello propiciara un distanciamiento, y por esa razón en todos esos días no dejó de escribirle una carta, (al inicio o al final del día); pues esa era la manera en que podía sentir que estaba cerca y del mismo modo seguía involucrándola en cada una de sus cosas…


Concluyó la carta con ese pensamiento, mientras en el papel plasmaba que en la primera oportunidad que tuviera –regresando de su viaje- iría de inmediato a buscarla porque tenía tanto por contarle, pero el verdadero significado de esa frase era que quería saber: ¿qué estaba pasando en realidad?


Luego de meter la hoja escrita dentro de un sobre, y de haber dejado por fin la pluma reposando en el tintero, Margarita apoyó su cabeza sobre el cristal de la ventanilla del vagón y percibió de inmediato la fría humedad que provenía del ambiente exterior.



Ya unos minutos antes, el cochero de aquel tren en el que viajaba le había hecho saber que estaban a poca distancia del punto de llegada y que el viaje estaba por concluir. Algo de lo que ella se percató desde mucho antes, pues además del constante desfile de gente que veía pasar a través de la rendija en la parte baja de la puerta de su coche dormitorio; el paisaje exterior, (matizado por vegetación y agua), le hacía saber que el desierto en que vivía quedó atrás muchas horas antes y una nueva ciudad que no conocía, la esperaba ya.


Bajo otras circunstancias aquello la habría entusiasmado… ¡Pero en fin!... Llegó a la conclusión de que a veces lo mejor es no darle tantas vueltas a las cosas y a pesar de que la vista que se ofrecía ante sus ojos era realmente esplendorosa, sus párpados se cerraron por un instante en un intento por no pensar en nada, en que algo le dolía por dentro y no sabía ¿qué iba a pasar?



A pesar de que llevaba poco tiempo recargada sobre el vidrio de la ventanilla, el frío exterior se apoderó por completo de su ser y de modo inevitable eso la llevó a pensar en Fernando. Como él no estaba ahí, recordó y añoró más que nunca la calidez que siempre prevalecía en sus manos; la sensación que experimentaba de un tiempo a la fecha, cuando por alguna razón él habia tenido que tocarla.


Un pensamiento, dio paso a los otros, y echar de menos ese contacto, la transportó de nuevo en espacio y tiempo a la noche más mágica y especial que ella vivió alguna vez...



Si cerraba los ojos, era posible volver a estar ahí de nuevo… podía visualizarlo todo… Se veía a ella misma caminando al lado de Fernando, totalmente cautivada por la forma en como brillaban sus ojos y el entusiasmo que se proyectaba en su lenguaje corporal y en cada una de las palabras con las que intentaba explicarle los planes que tenía para el pequeño dispensario médico, que gracias al trabajo en equipo de varios de sus amigos, ahora se encontraba en funcionamiento y a disposición de varias familias de escasos recursos.


A Margarita le encantaba escucharlo cuando le compartía las cosas que soñaba, los planes que tenía para convertir el dispensario en una pequeña clínica, una vez que terminara su residencia como médico cirujano en la ciudad de México.


Todo eso, además de haberle permitido conocerlo más en tan poco tiempo; le hacía saber que Fernando; a pesar de su estatus social y de todas las experiencias que gracias a eso tuvo posibilidad de vivir, era un hombre sencillo y de buenos sentimientos.


Era tal el grado de confianza que le inspiraba, que ella misma se sorprendía porque a veces durante la charla él le pedía su punto de vista o le solicitaba algún consejo relacionado con alguna decisión que estuviera a punto de tomar y eso, la hacía sentirse importante.


Sin embargo, las charlas entre ellos no giraban sólo en torno a las cosas que a él le sucedían; y a Margarita le fascinaba que él se mostrara interesado en sus cosas.


Con nadie le pasó nunca eso. Fernando era un hombre tan sensible, que aunque la mayoría de las veces era ella quien preguntaba sobre su trabajo o sobre las experiencias y anécdotas acumuladas durante alguno de sus viajes, él siempre encontraba la forma de invertir los papeles para estar enterado de la forma como Margarita lograba sopesar las constantes limitaciones que eran resultado de la restrictiva disciplina que imperaba en casa de sus padres.


Siempre se mostraba interesado en las cosas que a ella también le entusiasmaban, los planes que tenía, pero sobre todo, ponía especial atención y se quedaba mirándola en silencio (de una forma que la estremecía); cuando con toda la atención del mundo, ella le compartía sus sueños, ideales y forma de pensar.


La noche en que decidieron salir del ambiente superficial que imperaba en la gala celebrada con motivo de la visita de los presidentes, ambos caminaban de la mano pero no hablaban de ningún tema en particular.


- Creo que fue una buena idea salir un momento de la fiesta ¿No crees?-

- Sí, la verdad es que sentía que me estaba asfixiando ahí adentro.-

- Me di cuenta, por eso te propuse que saliéramos un momento.-

- ¿Ah si? Ahora resulta que con tan sólo verme sabes lo que necesito para sentirme bien.-


Margarita no se dio cuenta, pero se dejó llevar por un impulso y le acarició levemente el rostro mientras le decía esto último mirándolo directo a los ojos… Cuando se dio cuenta de eso se sintió la mujer más atrevida del mundo y se apartó de él, adelantándose unos cuantos pasos, en un intento de ponerle fin a aquella cercanía que comenzaba a resultar atractivamente peligrosa.


Fernando la alcanzó al pie de una de las bancas que rodeaban la plaza, y aunque se moría de ganas de abrazarla, y además sabía de antemano que el contacto entre ellos había rebasado ya los convencionalismos socialmente permitidos; él era todo un caballero y jamás intentaría sacar ventaja de aquel sentimiento mutuo de atracción.


Para él, lo que sentía por Margarita, iba mucho más allá de eso. Como hombre era extraño reconocerlo, porque a pesar de que efectivamente le parecía una mujer hermosísima en todos los sentidos, se sentía mucho más atraído por su forma de ser y los aspectos de esa personalidad tan única que en unos cuantos meses aprendió a amar y conocer.


No sabía como explicarlo, pero algo en su interior le hacía tener la convicción de que quería estar con ella para siempre. Estaba enamorado de ella y aquella noche lo entendió más que nunca cuando la tomó de las manos, pero en la búsqueda del camino hacia ellas, al rozar sin quererlo la piel de sus brazos, ella se estremeció.


Una vez más estaban demasiado cerca, y por un instante, la escasa distancia, propició que él quedara fascinado al descubrir a través del brillo transparente de la mirada de aquella chica, que de la misma manera que él la miraba, (irradiando un infinito sentimiento de amor y ternura,) su propio reflejo se proyectaba a través de los ojos de ella, de la misma manera también.


Quería preguntarle si alguna vez se había imaginado que el antipático tipo con el que la comprometieron desde niña y le enviaba todo ese montón de orquideas que tanto odiaba, llegaría un día a enamorarse de ella; pero ya no pudo hacerlo, porque la proximidad le ganó y tras palpar en forma leve la comisura de sus labios, ya ninguno de los dos pudo resistirse y el silencio que se hizo aún mas denso entre ellos, fue el preludio de su primer beso.


A pesar de que aquello era algo que ambos venían deseando desde hacía mucho tiempo, la sinceridad y el sentimiento genuino que desde hacía meses había surgido entre ellos propició que aquel beso estuviera más impregnado de amor que de pasión.


Fernando no pudo evitar sonreír, cuando luego del beso, al apartarse momentáneamente de Margarita, se dio cuenta que ella se recargó en su pecho y se dejó por fin envolver en sus brazos, porque sabía que finalmente había encontrado su lugar.


Aquella noche Fernando le preguntó: ¿Quieres ser mi novia?, cuestionamiento al que Margarita respondió con otra interrogante de 3 palabras: (¿tú que crees?) y que tras una sonrisa, tuvo la audacia de sellar con otro beso.


Así, después de un tiempo en que la convivencia propició que se fueran conociendo, aquella noche su unión se volvió más importante que nunca, pues al fin estaban juntos no por los convencionalismos sociales ni la honorabilidad de un pacto acordado entre familias, sino porque de verdad se habían enamorado, y era así como para siempre y a partir de ahí, intentarían estar.


**********************


Margarita se ruborizó al recordar todas las sensaciones y emociones de aquella noche, y cuando abrió de nuevo sus ojos a la realidad el tren había reducido notablemente su marcha y se encontraba ya entrando en los andenes de la estación central de la ciudad de México.


Su dama de compañía la apresuró para reunir en un solo lugar todas sus cosas, y ella obedeció a esa indicación más por reflejo que por convicción propia, pues sus pensamientos se hayaban concentrados y divididos entre la idea de que necesitaba tanto a su amiga para contarle todo eso que le estaba sucediendo; y entre la desesperación que le provocaba darse cuenta que bajar del tren no sería una labor sencilla y aplazaría todavía más el anhelado encuentro con su prometido.


Pero aún las esperas más prolongadas culiminan, y los viajes más largos llegan por fin a su punto de encuentro. Cuando el tren se detuvo, Margarita hizo prácticamente a un lado la prudencia y olvidándose de todo, bajó del tren abriéndose paso entre la gente que avanzaba mucho más lento de lo que ella imaginó.


En el exterior de la estación, la humedad de una lluvia que apenas si comenzaba a hacerse perceptible la hizo experimentar nuevamente frío, de ese que se cuela y cala hasta los huesos, sin embargo esa sensación le duró muy poco, pues tras unos minutos de correr de un extremo a otro por los pasillos del andén, buscando a Fernando, al detenerse frente a un vagón cercano a la locomotora para recobrar un poco el aliento; el cristal empañado de una de las ventanillas le ofreció el reflejo de una figura que aunque distorsionada, supo muy bien reconocer.



Era su prometido, que se hayaba justo detrás de ella; esperando bajo esa lluvia persistente con un ramo de flores en la mano.


Descubrirlo así, no sólo la sorprendió, sino que la desarmó por completo, mientras que Fernando, en cuanto la tuvo cerca lo primero que hizo fue abrazarla como si hubiera pasado una eternidad sin verla; mientras que ella por su parte se dejó envolver por completo, pues durante una vida entera había esperado recibir un abrazo como ese.


Tras unos instantes en que ambos se olvidaron de todo cuando existía a su alrededor para concentrarse ella en la textura de su barba, y él en la suavidad de su cuello y los cabellos desordenados que quedaban a su alcance mientras la besaba; el tiempo siguió su marcha y tras ese reencuentro comenzaron a caminar juntos y abrazados hacia la salida de la estación… La lluvia que lo había impregnado todo de una nostálgica humedad, por fin había logrado disciparse, la ciudad de México los esperaba afuera y un cúmulo de acontecimientos estaban por suceder…


Continuará...