¡FeLiZ DíA DeL NiÑo!!!

on sábado, abril 30, 2011

Llegamos al último día del mes de Abril y hoy es ¡Día del Niño!...

Durante toda esta semana, el objetivo fue convertir este espacio en el lugar perfecto para jugar, imaginar y soñar.... Bueno, eso es de lo que se trata siempre este blog, (por eso es mi lugar mágico)... Sólo que en estos últimos 5 días y por segundo año consecutivo, la idea era volver a ser niños todos y divertirnos un poco...

Espero que los cuentos, la magia, y todo lo que vieron -quienes pasaron por aquí- hayan resultado de su agrado; pues a pesar de que todo lo preparé con mucho tiempo de anticipación, hubo cosas muy padres que por falta de tiempo ya no pude publicar en esta semana, pero espero que los 5 posts que si quedaron en el blog y antecedieron a esta fecha tan especial, los hayan hecho imaginar de una manera tan padre, como me sucedió a mi, al estarlos elaborando.

No me queda más que agradecerles como siempre sus visitas y el tiempo que le dedican a mi blog y pues aunque tristemente hoy a las 12 de la noche termina la magia y todos volvemos a ser adultos, en este espacio -aún metidos en disfraces "de grandes"- seguiremos soñando y contando historias, porque eso eso ayuda mucho y alimenta el alma.

Gracias a todos por venir a jugar y a pesar de que La Semana del Niño termina este día, deseo de todo corazón que en el interior de cada uno de nosotros existan siempre esas ganas de seguir divirtiéndonos como niños grandes... Como El Cazador de Sueños por fin se ha dejado ver y ha decidido quedarse a vivir un rato en este espacio, les prometo tratar de llamarlo más seguido, para que sea él quien me ayude, para que aquí siempre encuentren cosas mágicas y una invitación al final del día, para venir a jugar.

Un abrazo grande para el niño que vive en cada uno de ustedes... Por mi parte, eso es to-to-todo por hoy...


¡FeLiZ DíA DeL NiÑo!!!!

El Cuento de Nunca Acabar...

on viernes, abril 29, 2011
Había una vez una pequeña princesita a la que le encantaban los cuentos que nunca terminan... Aquellos que por más que se intente, no se puede adivinar cuál será el final.

Su nombre era Melissa, y todo comenzó en el reino donde ella vivía. Un lugar muy hermoso, que se encontraba cerca del país donde se fabrican todos y cada uno de los arcoiris, pero muy, muy lejos del mundo real.

Cada día y cada noche (desde que ella nació); su madre, la reina, siempre le contaba un cuento distinto antes de dormir. Cuando era pequeña, no había mayor problema, pues cualquier historia con muy poquitas letras y palabras era suficiente para que la princesita; jugando a imaginar, se quedara dormida de inmediato.

Los primeros cuentos que escuchó no estaban escritos en un libro; porque trataban sobre cosas que en el lugar donde vivía eran reales y todo mundo conocía; o eran historias que la mamá, de la mamá, de su mamá, le había contado en otro tiempo, cuando la reina tenía su misma edad.


Estaba por ejemplo: La historia del dragón que vivía a las afueras del reino, y que era tan, pero tan viejo, que tenía que comer trocitos de carbón para poder arrojar llamaradas de fuego, y así de paso calmar su tos.



Supo también, que en el país de los arcoiris; estos eran pintandos por un montón de duendes que tenían un montón de brochas y cubetas con pintura de todos los colores. Durante el día, podían pasar horas y horas enteras trazando cada línea con pinceles gruesos, delgados o pequeños; pero como los duendes son traviesos por naturaleza, al terminar su trabajo por la tarde (y cuando la pintura ya estaba seca); ellos convertían aquellos arcos multicolores en una enorme resbaladilla y se ponían a jugar.


Todo esto era tan mágico para la pequeña princesa, que a medida que fue creciendo, su fascinación por los cuentos comenzó a transformarse en un gran problema. No sólo porque sus padres ya no se sabían otras historias para contarle; sino porque cuando tuvo edad suficiente para poder sostener un libro por ella misma, y al mismo tiempo aprendió a descubrir la magia de las letras, leyó y releyó todos los libros de cuentos que estaban guardados en los enormes armarios del castillo.


Así fue como la princesa comenzó a sentirse triste. Durante el día, vivía muy feliz y contenta, pero al llegar la noche lloraba, porque ya no quedaba en casa un sólo libro con alguna historia que ella ya no conociera. Entonces, sus padres, que no querían verla triste; pensaron que la solución sería sustituir todos los libros antiguos de los armarios, por otros nuevos.


El Rey, en su afan porque su pequeña hija no dejara de sonreír; envió emisarios en dirección hacia los 4 puntos cardinales; con la encomienda de que buscara por todos los rincones del mundo, los libros con las historias más largas y mágicas que existieran.


La tarea no fue fácil; pero los emisarios, después de darle seis vueltas al mundo, de arriba hacia abajo, cumplieron con la encomienda y regresaron felices a casa con arcones repletos de libros con historias grandiosas.


El emisario que recorrió todos los mares, encontró cientos de libros con historias de piratas; pero al final terminó por devolverlos a cada uno de los navieros de donde los obtuvo; porque se dio cuenta que todos los navegantes de los mares con una pata de palo y un garfio en la mano, eran un tanto "mentirosillos" y vanidosos; porque en sus libros todos siempre contaban las mismas historias sobre barcos fantasmas, e islas encantadas en las que enterraban enormes cofres repletos de monedas valiosas y doradas; o hablaban también de las emocionantes peleas contra temibles monstruos marinos.


Hasta el día en que en aguas muy profundas, de un mar muy lejano; un delfín transparente, en cuanto supo que el emisario buscaba un regalo especial para una princesa; nadando lo llevó hasta una isla desierta donde encontró en un arrecife, un libro que las sirenas habían escrito y que servía para entender el idioma de todas las criaturas de los océanos y los mares.


Otro emisario que viajó por los desiertos, trajo consigo 20 camellos cargados de libros, pero el más especial de todos era "El Libro del Desierto"; un ejemplar mágico que no sólo estaba hecho por completo de arena, en el que cada página era como una cajita en la que los granos terregosos se acomodaban en forma de letras al ir pasando las páginas; para formar las palabras que contaban las historias guardadas dentro de los sonidos del silencio.


Por ser un libro tan especial y mágico, venía envuelto en una tela especial bordada con hilos traidos desde un mercado en el lejano oriente. Ese lugar no era muy fácil de encontrar, porque aparecía sólo al paso de algunos caminantes


Algunos decía que en realidad ni existía, y era sólo un invento, o una alucinación propia de las personas que por la sed y el sofocante calor, eran presas de los espejismos propios del desierto...
Hasta ahora nadie conocía a ningún viajero o persona que hubiera regresado de ese sitio; en el que se decía, los mercaderes comercializaban alfombras voladoras; especias y elíxires mágicos que servían para convertir piedras en oro, a las personas en objetos, o darles algún súper poder por un espacio muy corto de tiempo.

Desde ese lugar; el emisario que viajó por el desierto; en la parte más lejana y poco concurrida de aquel bazar; gracias a una pequeña trampa en la que logró confundir a un mercader que remataba libros mágicos y antiguos; el emisario aprovechó un descuido para lleverse "El Libro del Desierto".

Otro de los emisarios viajó de día y de noche a través de los bosques; y después de muchos meses solo y en silencio; se dio cuenta que los árboles hablaban; y no necesitó de mucho tiempo para empezar a entender las cosas que conversaban entre ellos.


Gracias a eso; se enteró de que en la parte más recóndita del bosque, vivían los unicornios y un poco más allá estaba también el reino donde vivían los faunos. Como el emisario no tenía mucho tiempo, en cuanto supo de su existencia, se fue de inmediato a buscarlos.

Los faunos eran criaturas maravillosas; pero al mismo tiempo eran muy reservados. Cuando el emisario llegó y les expuso la encomienda que tenía, los faunos decidieron regalarle el libro que contaba la historia de uno de sus más bellos ejemplares, que hacía poco tiempo se había escapado para huir de un personaje oscuro de piedra y lama que pretendía apoderarse de él. Nunca más nadie volvió a verlo, y nadie supo tampoco donde estaba. Por eso, al momento de poner el libro en sus manos; el patriarca de los faunos, depositó en el emisario la esperanza de que si la historia de aquel ser tan querido para ellos llegaba a ser conocida en otras fronteras y reinos, tal vez era probable que pudieran volverlo a ver.

El último de los emisarios no pudo encontrar ningún libro que valiera la pena; pero después de tanto tiempo fuera del reino, no volvió allí con las manos vacías. Como era un servidor del rey muy inteligente, lo que hizo fue ir anotando en largas tiras de papel todas las cosas sorprendentes que vio durante el viaje, y de paso se dedicó a escribir todas las historias interesantes de las que se hablaba en los pueblos por los que pasó.



Así anotó en montones de papeles, historias de todos los lugares. En La India, le contaron de un elefante blanco que tenía poderes mágicos. De China, escribió la leyenda de los 7 dragones; y en las montañas más altas de las oscuras tierras del sur, encontró un monje que sabía descifrar los secretos que revelaban el futuro oculto en las estrellas; y que él había aprendido después de haber vivido en un país hermoso en el que siempre era de noche; pero al mismo tiempo era también muy pequeño.

Los 4 emisarios regresaron justo el día en que la pequeña princesa cumplió 6 años. La montaña de pergaminos que su padre mandó encuadernar, el libro de arena, el de las sirenas, y el de los faunos se convirtieron en sus favoritos. Pero la felicidad duró muy poco, porque una vez más, Melissa, los terminó de leer muy pronto.

Su padre, que no soportaba la idea de verla triste, no podía repetir la odisea de enviar otra vez hacia tierras lejanas a sus emisarios. Primero, porque ya no existían más libros ni tampoco historias -todas se las habían llevado ya- y después, porque un viaje de esos era tan tardado, que corría el riesgo de que tanto los emisarios como sus caballos regresaran al reino ya convertidos en ancianos.

300 noches y 300 días, el Rey pasó pensando: ¿qué podría hacer para devolverle la felicidad a su hija?

Se reunió con sus consejeros y secretarios, pero a ninguno de ellos se le ocurría nada; hasta que una mañana, así de la nada, al Rey le vino a la mente que recurrir a los escribanos y cronistas del reino, podía ser la solución.

En cuanto la noche se hizo día, mandó pegar en todos los lugares visibles, un decreto en el que ordenaba que todas las personas que se dedicaran a escribir para contar todo lo que pasaba en el reino; tendrían que entregar a diario a la corte (y mucho antes de que terminara el día), un pergamino con una historia distinta. Quienes no cumplieran con este mandato, serían enviados al calabozo que era resguardado por el cíclope de la mazmorra.


Así los escribanos pasaron días y semanas enteros escribiendo de noche y de día. Al llegar la tarde, a las afueras del castillo, enormes filas de gente se formaban, porque -como siempre- no faltaba algún "vivillo" que quisiera pasarse de listo para tratar de obtener algo a costillas del Rey. Pero llegó un momento en el que no sólo la imaginación se les agotó, esos enormes mares de gente a las afueras del castillo, se convirtieron en una pequeña línea de 4 ó 5 personas, pero como quedaron solamente los que si eran escribanos, por el exceso de trabajo empezaron a quedarse dormidos en los parques, en las plazas públicas, en los talleres, ¡Y en todos lados!

Y es que la realidad no era que a la princesa le aburrieran todas las historias que ya conocía, o que fuera sólo una niña caprichosa y berrinchuda que pedía cosas tan sólo por llamar la atención. De verdad, los cuentos y los libros le parecía que estaban tan llenos de magia, una magia que ella estaba convencida nunca debía terminar.

También eran tantas sus ganas de saber: ¿Qué pasaba después de la famosa frase: "Colorín Colorado"?, que una noche decidió que sería ella misma quien saliera a buscar sus propias leyendas y fábulas, con la intención de atraparlas y volver para compartirlas para siempre con toda la gente del reino.

Lo primero que hizo fue buscar a los duendes que pintaban los arcoiris y ellos le recomendaron que al igual que los emisarios que su padre envió un tiempo antes, empezara por buscar en los lugares donde surgieron las primeras historias que a ella le contaron.

Visitó al dragón viejo de la tos crónica; y él le dijo que la respuesta a todas sus preguntas la tenía el duende "Cazador de Sueños".

La princesa Melissa se sorprendió, porque nunca en toda su vida escuchó hablar de ese personaje; y aunque el dragón viejo no le supo decir cómo o dónde encontrarlo; le hizo saber que quizá el podía ser el único que podía ayudarle a encontrar algún libro mágico con alguna historia que nunca termina o con El Cuento de Nunca Acabar.

Así fue como la pequeña Melissa emprendió el viaje más largo de su vida, siguiendo la ruta que años antes los emisarios del reino recorrieron para poder encontrar los libros con las historias más maravillosas que ella recibió como regalo. En el camino se fue encontrando con todos y cada uno de los personajes que conoció a través de la magia de las letras; y lo primero que aprendió fue que cuando alguien escribe, sólo cuenta una parte de algo que a veces es mucho más grande... Pero que sobre todo, no siempre las cosas son lo que parecen ser.


Por ejemplo; en el libro de los piratas, se describía al más temible de los monstruos que hayan existido en toda la historia de los 7 mares, pero gracias a que la pequeña princesa aprendió el lenguaje de los seres que habitan los océanos, al navegar en su búsqueda en dirección hacia el sur, conoció a Rigoberto... Que no era más que aquel horripilante monstruo del que se hablaba en las hazañas del libro del Pirata Erick El Rojo; y al que Melissa conoció durante los 18 días que duró su travesía por el mar.

Al principio si la asustó; porque ella lo descubrió una mañana mientras se entretenía observando el azul del mar; recargada sobre uno de los bordes de la cubierta del barco. En esa ocasión, Rigoberto nadaba "de panza" con la intención de asolear un poco su alargado cuerpo de serpiente; y fue tanta la alegría que le provocó volver a ver gente por esa zona del océano; que de tanto agitarse, provocó una inmensa oleada.

Melissa era una niña muy inteligente, ahí lo comprendió todo. Eso que los piratas describían como la furia incontenible de una bestia marina; no era otra cosa más que las inmensas ganas que Rigoberto tenía de encontrar a alguien con quien jugar y platicar.

Así fue como Melissa y "Rigo" se hicieron amigos... Durante el tiempo que duró en altamar él no sólo le contó de todas las cosas que había visto y vivido a lo largo de toda su vida en las profundidades marinas, donde para los humanos es imposible tener acceso; sino que además la acompañó y la guió hasta que desembarcó en el continente donde podía seguir en dirección hacia el bosque encantado, donde encontraría el reino de los faunos y unicornios.

Una vez que estuvo por fin ahí; ninguna de las dos especies de criaturas mágicas le supo decir nada sobre el famoso Cazador de Sueños... Era cierto, todos en alguna ocasión escucharon hablar de él, pero ni siquiera los seres más longevos recordaban haberlo visto en alguna ocasión.

La princesa Melissa, al saber esto, se sintió muy triste; y se sentó al pie de un inmenso roble, pensando en que todo su esfuerzo había sido en vano, porque nadie sabía decirle como encontrar a ese misterioso personaje.

Ella no sabía ni por dónde buscar, porque eran tantas las cosas que se decían sobre él, que así sin poder determinar cual era la verdad entre todo lo falso, era mucho más difícil poder definir un punto desde donde empezar a buscarlo.

En ese instante el viejo roble que se encontraba de pie junto a ella, se inclinó para acercar un poco más su rostro de facciones duras hechas de corteza; y así poder decirle que no estuviera triste; que tal vez lo que necesitaba, era confiar un poco más.

La pequeña princesa, con húmedas lágrimas que hacían que sus ojos se vieran mucho más grandes y hermosos, le respondió al árbol: ¿cómo podría ella hacer eso?, si en ese momento no podía pedir ayuda a nadie, pues se encontraba muy lejos del reino donde vivían sus padres. Entonces el enorme roble le replicó que a veces, la ayuda está más cerca de lo que parece.


En ese instante, el árbol giró su tronco, y de la cara opuesta que quedó al frente, surgió una hermosísima fachada que era la entrada principal de una casa.

Alguien vivía ahí, porque desde la ventana cubierta con una cortina bordada con una tela de colores muy brillantes y bonitos, se percibía luz; y aunque la pequeña Melissa no tenía ni la menor idea de quien podría salir al llamar la puerta; golpeó 3 veces sobre la madera con su mano, y cuando la puerta se abrió, del interior surgió un Hada.


La pequeña princesita no podía creerlo, ¡las Hadas en verdad existían!, y ahora ella tenía una frente a ella. Pensó en miles de cosas que le gustaría pedirle, pero luego recordó el verdadero motivo que la tenía ahí, y después de presentarse con ella, y antes de que pudiera contarle algo a la señora Hada; ella le hizo saber que sabía todo por lo que había pasado, y que incluso llevaba varios días esperando que la fuera a buscar.

El Hada le dijo que era una niña muy valiente, y que por esa razón ella estaba dispuesta a ayudarle; porque efectivamente, El Cazador de Sueños existía, y también era cierto que él era el único ser que podía conocer El Cuento de Nunca Acabar.

Pero... Como en todas las historias tanto del mundo real, como en el imaginario, todo lo que vale la pena no siempre es tan fácil, y por eso el Hada le hizo saber que para poder encontrar a El Cazador de Sueños, la pequeña princesa tendría que aventurarse en un viaje muy largo y cansado, para llegar hasta un mundo muy distinto del que había conocido hasta ese día.

Le dijo que a pesar de que El Cazador de Sueños se encontraba en ese mundo, ella sólo tendría oportunidad de verlo durante los primeros 5 ó 7 años después de su llegada a ese lugar al que tendría que irse; y otra desventaja que tendría también sería que de camino hacia allí, olvidaría todo lo que formó parte de su mundo, y se convertiría en alguien diferente...

Pero tampoco todo era tan malo, porque por cada día de estancia en ese mundo donde la magia era muy escasa a veces, la pequeña princesa tendría también muchas oportunidades para aprender.

Melissa aceptó el reto, porque en el fondo de su corazón sabía que ese era su camino. Entonces, el Hada puso a su disposición uno de los unicornios de la especie "alada", para que la guiara en el viaje, hasta el punto donde tenía que llegar.

Antes de partir, puso entre sus manos una pequeña bolsita de terciopelo rojo, atada con un hermoso cordel bordado con hilos de plata. Le dijo que lo conservara para siempre, y que el contenido se evaporaría conforme avanzara en el trayecto, y todo lo que esa bolsita contenía, la pequeña princesita terminaría por absorberlo y llevarlo siempre en su interior.

Una vez que partió, perdió la noción del tiempo. Nunca supo cuántos días duró el viaje, pero vio muchas veces salir el sol, y luego irse para darle paso a la luna; hasta que un día el unicornio detuvo su vuelo al pie de lo que parecían ser dos inmensas escaleras.

Cuando Melissa se acercó ahí, le sorprendió descubrir que en aquel lugar había no sólo muchos otros unicornios; sino también muchos niños y niñas bajando por una de las escaleras.

Al otro lado (en la escalera opuesta), había también muchas personas de todas las edades, colores y tipos.... Todas ellas iban en dirección contraria y hacia arriba, pero la pequeña Melissa entendió que a ella le tocaba estar en la fila de la que iba de "bajada"; y que a unos cuantos pasos más adelante se convertía en una inmensa resbaladilla, por la que todos los niños se deslizaban entre nubes, hasta llegar abajo convertidos en unos hermosos y saludables bebés.

Así fue como aquella pequeña princesita llegó hasta este mundo. Dejó de ser una princesa en el mundo imaginario, para convertirse en una niña en el mundo real.... Al Cazador de Sueños lo encontró desde su llegada. Lo veía en sueños y le sonreía, pero de "El Cuento de Nunca Acabar" no le dijo nada; pues él quiso esperar hasta que fuera el momento indicado para contárselo.

Cuando ese día llegó, el duende cazador le hizo un regalo... En medio de un gran sueño la invitó a jugar en el bosque y de su frasco transparente con tapa, sacó un lápiz mágico y se lo entregó.

La pequeña Melissa no entendía nada... ¿De qué le servía tener entre las manos un lápiz, sin hojas para escribir? Entonces El Cazador de Sueños le hizo saber que aquel no era un lápiz común, puesto que con él podría escribir sobre cualquier cosa y en cualquier punto donde ella quisiera...

Ella era muy pequeña aún para entenderlo, pero se había hecho realidad su sueño de encontrar una historia que nunca termina. Ahora, ella tenía en sus manos la posibilidad de escribir en su corazón y en sus recuerdos todos los cuentos y las leyendas por ella misma; dibujarlo todo con sus colores favoritos, para conformar así con todas sus aventuras e historias, cada una de las páginas del libro que en el futuro no muy lejano, pasarían a convertirse en "El Cuento de Nunca Acabar"...

FIN

Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte

on jueves, abril 28, 2011

¡Hola a todos!...

Hago un paréntesis en esta semana del niño para compartir en el blog algo que vi hoy y me dio mucha emoción descubrir...

Para nadie es un secreto que me fascina el mundo mágico que creó J.K. Rowling y este año, en verano, veremos la parte final de "Harry Potter y Las Reliquias de La Muerte"....

¡Arghhhhh falta mucho para que sea 15 de Julio y yo ya la quiero ver!!

Para Alfonsina y Valentino.


Él ya no existía, pero un día Dios le permitió convertirse en viento para irlos a buscar....

Los encontró a los dos sentados en una banca a la orilla del puerto. Estaban mucho más grandes (en edad y estatura) desde la última vez que los vio; y a pesar de que ellos no recordaban que él siempre los visitaba en sueños y los cuidaba también mientras dormían; aquella tarde en un espacio de tiempo indefinido; deseó por primera vez no ser transparente ni etéreo, y hubiera dado cualquier cosa, para al igual que a la madre de aquel par de ángeles, en esa tarde poderlos abrazar.

Alfonsina y Valentino en el presente aún no existían; pero en el futuro distante e indescifrable, también eran aún muy pequeños para entender muchas cosas... Por ese mismo camino en el que una vez su madre decidió recorrer sin mirar atrás, y llevándolos de la mano en sus pensamientos; ahora, en medio de ese futuro impreciso, aquellos dos ángeles pasaban los días y las noches jugando juntos; disfrutando de todas las cosas sencillas que el ángel terrenal que los había traído al mundo les enseñó.

Alfonsina era la más sensible, pero al mismo tiempo la más fuerte; mientras que Valentino por su parte, tenía la misma transparencia que se reflejaba en la mirada de su madre; y el espíritu moldeado de la misma forma que ese ser que en ese instante (y también siempre) estaba junto a ellos, pero a partir de cierto tiempo ya no podían ver.

Materializado como estaba en viento; hubo un instante en que experimentó un vacío infinito, al recordar que aunque el pasado y el futuro son inconexos y por más que se intente, jamás tienen un punto de encuentro; aún así decidió que aprovecharía al máximo aquella oportunidad y junto a ellos se quedó.

Así fue como descubrió que a pesar de que a Alfonsina y Valentino también les hizo mucha falta; a esos dos niños, (alguien, a quien no fue decisión de él dejar antes de tiempo); en esencia les sembró dentro del alma, demasiado de todo lo que en vida fue él.

Pasó toda esa tarde junto a ellos, y con gotas de rocío lloró de alegría, cuando descubrió que ese par de ángeles aprendieron -tal y como si el mismo se los hubiese enseñado- a diferenciar los satélites de las estrellas fugaces... A maravillarse con la belleza de las cosas simples; y no perder esa capacidad de asombro que se dibujó en el rostro de ambos cuando en medio de la oscuridad pasaron largo rato observando un montón de luciérnagas que guardaron por unos segundos dentro de un frasco.

Cuando el día terminó se despidió con un beso en forma de ráfaga que les acarició el rostro y les acomodó a ambos los cabellos cuando ya se habían dormido.... Y a pesar de que las leyes del tiempo y el espacio no puedan transgredirse; mientras llega el tiempo de que Alfonsina y Valentino existan; gracias a la magia de la imaginación que se plasma en las historias sin tiempo; ellos dos llenarán el presente de esperanza; y el alma, del amor y la fe que da al creer en algo que aunque en el presente todavía no exista; tiene posibilidad de ser.

Ojalá que ese sueño se convierta en realidad.

"El Cazador de Sueños".

on miércoles, abril 27, 2011
Ilustración: Alejandra Ochoa

Existió hace mucho tiempo un duende que era conocido como "El Cazador de Sueños"... Se decía que vivía en las inmediaciones de un parque, aunque nunca nadie lo había visto en realidad.

Se sabía de su existencia, porque se hablaba mucho de él en los libros de fábulas y cuentos, pero ninguna descripción coincidía, porque mientras unos decían que era muy grande, otros decían que era muy pequeñito y en lo único que estaban de acuerdo tanto las personas y los sabios que hicieron referencia a él en los libros; era de que se trataba de un duende relativamente joven... Con apenas 425 años de edad.

Yo lo conocí una tarde de verano, en que la casualidad me llevó a sentarme bajo la sombra de uno de los enormes árboles del parque que todavía hasta hace apenas muy poco, acostumbraba visitar a la hora de la comida. En esa ocasión cargaba como siempre en la mochila, mi eterna libreta de pasta gruesa, donde por medio de letras y palabras, intentaba atrapar todas las cosas que se ven a diario y que en realidad valen la pena.


En esa ocasión no sucedió nada en lo absoluto, ni tan poco en los siguientes días. Todas y cada una de las veces cuando regresé al parque; nada me pareció extraño, hasta el día en que encontré muy bien acomodadito sobre el pasto, un frasco de cristal transparente con tapa enroscable; similar a esos en los que se envasa la mermelada.

Era evidente que no era basura, porque cuando yo lo encontré estaba muy bien recargado sobre el tronco del árbol; al pie del cual me sentaba yo siempre; además de que el frasco se veía demasiado limpio por dentro, como para no suponer que a alguien se le quedó olvidado ahí.

Esa era la explicación más coherente y verosímil en la que se me ocurrió pensar al momento en el que tomé ese frasco para depositarlo dentro de uno de los contendedores de basura de ese parque. Hasta ahí nada estuvo fuera de lo normal; hasta que al volver al pie del árbol para sentarme y seguir escribiendo; descubrí que una vez más el frasco estaba ahí.

Ni siquiera intenté darle vueltas al asunto... No había ningún error, yo había dejado el frasco en el bote de basura; y volví a colocarlo ahí otra vez. Al regresar para retomar de nuevo mi lugar, el frasco ya no estaba; pero la cosa no terminó ahí, era apenas el principio, porque durante todas las siguientes ocasiones en las que visité el parque, el famoso frasco volvía aparecer siempre, una y otra vez.


Como siempre que uno no encuentra una explicación lógica para algo; supuse que tal vez se trataba de alguna broma que alguna persona -sin nada mejor que hacer- y que también frecuentaba el parque quería jugarme. Opté por ignorarlo y cada tarde que regresaba; fingía no darle importancia al hecho de que el frasco siempre estuviera.

Creo que terminé por acostumbrarme a eso. Ya ni siquiera lo tomaba en cuenta; hasta que en un día normal de entre semana, cuando yo intentaba concentrarme en el libro que en ese entonces estaba leyendo; me di cuenta que el frasco -que en esta ocasión estaba destapado- de pronto, así de la nada, comenzó a llenarse de hojitas y piedras de colores que iban cayendo de una en una; como si alguien las estuviera lanzando desde arriba con gran un gran tino.

Alcé mi vista hacia arriba; y el resplandor de los rayos solares de la tarde, me encandilaron de tal modo, que lo único que pude ver fue la silueta de un ser pequeñito, sentado en el borde de una rama.

Con la luz de frente, me fue muy difícil percibir con precisión sus rasgos, y tan sólo lo visualicé como la sombra de alguien, que sentado desde el borde de una de las ramas más altas, me preguntó de repente con una vocecita muy dulce, si en ese libro que yo estaba leyendo en ese momento; se mencionaba alguna fórmula que pudiera hacer que él pudiera "regresar"...

Sabía que no era una alucinación, pero tampoco dije nada... Creo que él interpretó mi silencio como un indicio de que me había asustado... La verdad es que no fue eso, sino más bien que una vez que pude verlo bien, cuando descendió de la parte alta del árbol (para estar un poco más cerca y demostrar con ello que no había nada que temer); tenerlo frente a mi me produjo una extraña sensación de ternura, mezclada con una especie de gran desconcierto; porque aunque yo no sabía quien era, al mismo tiempo, algo en mi interior me hizo sentir como si lo conociera de mucho tiempo también.

Cuando estuvo frente a mi, y se presentó, me pidió que lo disculpara, porque ese era y al mismo tiempo no era él... Yo no entendí nada, y la verdad ni siquiera me esforcé en intentarlo, pues en ese instante descubrí en sus ojos enormes y transparentes, la historia que a continuación les voy a contar...

El Cazador de Cuentos no es como yo te lo describo ahora, ni tampoco como lo dibujan en los libros. Además de que pocas veces se deja ver; él adquiere la forma que cada persona decide con su capacidad para imaginarlo.

Lleva mucho tiempo oculto en un parque, pero no nació ahí. Llegó mucho tiempo antes, siguiendo los pasos de una niña que conoció en el universo mágico en donde él vivía y con la que jugaba todo el tiempo; y que por esas cosas del destino -que nadie entiende muy bien- llegó un día en que ella tuvo que irse.

Al Cazador de Sueños le entristeció mucho la noticia, pues a pesar de que él era muy feliz en su mundo, algo en su corazón le decía que cuando la niña se fuera ya nada volvería a ser lo mismo, pues con ella se divertía jugando en todos los mundos que ambos tirados de panza, por las tardes se ponían a imaginar... Pasaban las noches enteras recolectando el polvo de estrellas que los unicornios y hadas dejaban a su paso y se divertían barato escondiéndole los pinceles y colores a los duendes que cada día pintaban los arcoiris de tonalidades diferentes.

Al parecer el destino de la niña que jugaba con El Cazador de Sueños era emprender un largo viaje con destino hacia la tierra; y aunque él nunca antes escuchó de ese lugar; el día en que se marchó, decidió también que tenía que ir tras ella.

El viaje fue muy largo y duró muchos noches y también muchos días.... La niña nunca se dio cuenta que El Cazador de Sueños iba a poca distancia siguiendo sus pasos; y fue así como llegaron a la frontera que delimita el mundo mágico del real.

Al llegar ahí, el Duende vio como la niña descendió por una escalera que se abría paso en forma de un haz luminoso que brillaba entre nubes. Cuando la vio bajar y a medida que durante el trayecto se fueron borrando uno a uno todos sus recuerdos y también, ella se iba haciendo más y más pequeña; El Cazador de Sueños tuvo miedo... Pero sin titubear por la decisión que estaba a punto de tomar; respiró profundo, cerró los ojos; y antes de que pudiera tener la intención de arrepentirse; "de panza" se deslizó por aquella escalera que a cierta velocidad y distancia se convertía en una gigantesca resbaladilla ; y así fue como él bajó a la tierra también.

Dejó atrás -y quizá para siempre-, todas y cada una de las cosas que conformaban ese universo mágico que desde siempre fue su casa, y que era muy probable nunca más volvería a ver.

De esta manera, llegó a la tierra; y no obstante que seguía estando cerca de aquella niña con la que tanto jugaba; ahora las cosas eran diferentes y tuvo que esperar un tiempo para poder hablar y convivir con ella como antes.

Eso sucedió cuando en el tiempo de la tierra, la niña cumplió 4 años. El duende se sintió muy feliz y supo que su decisión había sido la correcta, cuando las cosas volvieron a ser tal y como eran antes.

Ahora no tenían polvo de estrellas, ni tampoco pinceles mágicos ni de colores, pero podían jugar prácticamente durante todo el día y lograr casi cualquier cosa que se propusieran gracias a la magia de la imaginación.

Durante el día, a veces El Cazador de Sueños se ocultaba debajo de la cama, adentro de un closet, en la casita de muñecas o en cualquier otro lugar perfecto para ocultar a algún amigo imaginario.

Por las noches, cuando la niña dormía, por un muy corto período de tiempo, los dos podían viajar a lugares muy parecidos a los que ambos conocieron dentro del universo mágico; y a medida que la niña fue un poco más grande; empezaron a recolectar pedazos de sueños adentro de una caja de cartón que ambos pactaron mantener oculta como si fuera un tesoro; debajo de la base de la cama.


Pero algo que ni el duende ni la niña imaginaron; fue que la estancia en la tierra, no contempla la interrupción del tiempo; y quien era su eterna compañera de juegos y aventuras empezó a crecer.

Una tarde, de paseo en bicicleta; la niña conoció a otro chico que era un poco más grande que ella; y fue ahí en ese instante que la conexión mágica que existía entre ellos se rompió.
La niña regresó a su casa, pero parecía haberse olvidado por completo de su amigo. Ya no lo buscó; y la caja llena de objetos insignificantes que para ellos dos eran especiales, quedó en el olvido; hasta que un buen día en que alguien hizo la limpieza, terminó dentro de un tambo de basura.

El duende decidió irse de ahí; y estuvo vagando durante muchos días con la esperanza de que alguien pudiera verlo otra vez con los ojos del alma y la imaginación. Por primera vez sintió ganas de buscar de nuevo el camino hacia su casa; pero como no tenía idea de como hacerlo; caminó y caminó hasta que sus botines de forma puntiaguda se desgastaron por completo; y entonces se fue a sentar en un tronco hueco que estaba tirado en medio de un parque.

Después de unos días, se dio cuenta que ese lugar era muy parecido al universo de donde él era originario. Decidió convertirlo en su hogar y aunque ya no tenía con quien jugar; la tristeza se desvaneció en poco tiempo, porque se dio cuenta que los humanos, a pesar de que no tenían capacidad para verlo; transitaban por ese lugar y para el duende si eran visibles los sueños y sentimientos que cada uno llevaba en su interior.

Se sintió tan feliz, casi igual que como lo era antes; y quiso compartir eso con los árboles habitantes del parque (que tenían alma); y hasta con un fauno que al igual que él provenía de un mundo irreal y mágico; y que sólo estuvo de paso durante un tiempo muy corto de tiempo en ese lugar.

Desde entonces, ahí vive El Cazador de Sueños.... Los árboles decidieron darle ese nombre porque a raíz de que el duende descubrió que podía ser capaz de ver todo lo que había dentro del alma de los humanos; se dedicó de lleno a eso.

Era muy divertido para él descubrir sueños de todos los tamaños y colores... Eran tantos y tan buenos, que llegó un punto en que el duende se dio cuenta que no podía nada más verlos; si no también coleccionarlos; y como los bolsillitos de su saco y sus pantalones ya no cabían; decidió comenzar a meterlos en un frasco de vidrio transparente con tapa; para poder cuidarlos siempre y que no se evaporaran en el camino.

Dentro de ese recipiente de paredes cilíndricas; El Cazador de Sueños metió todas las imágenes fantásticas de muchos niños que de cuando en cuando llegaban a jugar hasta ese parque.

El deseo de uno de ellos de convertirse en astronauta cuando fuera grande; así como también los suspiros y las promesas de alguna que otra pareja que se enamoró para siempre en ese sitio; los sueños de los estudiantes que cada tarde pasan por ahí con todas sus ganas de comerse al mundo; así como también todas las historias que aún yo no he escrito; pero que él conoce de sobra y sabe muy bien llenarán las hojas que aún permanecen en blanco y sin gastarse en mi libreta.

De eso alimenta él su corazón a diario. De los sueños e ilusiones que logra atrapar de quienes pasan por ahí; pero le hace muy feliz cuando alguien le abre su corazón y es capaz de volver a convertirse en niño, para compartirle todo lo que sueña y hasta también lo que le atemoriza....

En ocasiones, cuando se trata de un pensamiento de color gris; El Cazador de Sueños lo toma entre sus manos, y cuidadosamente desenrosca la tapa y lo mete adentro de su frasco, para luego agitarlo, hasta que los tonos grises se difuminan al mezclarse con la brillantez de los sueños que a través del tiempo ha ido coleccionando...

Sabe muchas historias y ha vivido mil cosas.... Y aunque nadie sabe si podrá encontrar algún día el camino de regreso a su casa; mientras exista alguien que sueñe... El duende Cazador de Sueños seguirá siendo feliz aquí, en el mundo real...


"Los sueños casi siempre son invisibles o de color transparente... Depende de ti, y una vez que salen de tu alma, de que tono los quieres ver".

Encuentro.

on martes, abril 26, 2011

Hoy, recibí una invitación para ir a jugar. Estaba escrita en una carta con el papel doblado de manera muy curiosa, y atorado con una piedra lo suficientemente grande, como para que el viento no se la llevara de la barda que bordea la entrada principal de mi casa.

Yo llevaba prisa (como siempre); pero aún así me tomé unos minutos para irla leyendo en el camino, y entonces ya nada importó cuando descubrí que se trataba de una "carta sin tiempo", y que por la forma de la letra, se veía había sido escrita por alguien que aún era muy pequeño.

La verdad me pareció muy extraño recibir una invitación como esa, pero como en mi reloj el tiempo se había detenido, decidí ir hasta ahí para aceptar la invitación.

Cuando llegué, me encontré con una casa muy cálida, que en la sala tenía un cuadro al óleo con una imagen del mar, un mueble con varios platones pintados a mano, y réplicas de esculturas famosas; que adornaban la estancia bordeada por un comedor muy grande de madera, un tocadiscos franqueado por dos hileras de incontables discos de vinil; además de sillones trenzados por los bordes en ratán.

Creo que no era la primera vez que yo estaba ahí... Era muy extraño que sobre el piso de mosaico en tono negro no se escuchara el sonido de ningunos pasos acercándose; pero de momento eso no importaba; porque yo lo único que quería hacer era buscar a quien me había invitado a jugar.

La intuición, me llevó a encaminar mis pasos hacia la puerta de la cocina que daba hacia el patio; y después de dejar atrás el aroma del café recién hecho y de la avena que ya ha hervido a fuego muy lento sobre la estufa; afuera me encontré con la pileta del lavadero de cemento, que por la parte de arriba, para mi, era una piscina perfecta para muñecas; mientras que por la parte del desague; era el hogar perfecto para una araña que desde siempre vivió ahí.

Al fondo; si elegía el camino de la derecha, estaba el cuarto de la lavadora; que además de los productos de limpieza que servían para completar la labor de aquella máquina; estaba rodeada de estantes de madera que almacenaban un montón de objetos, que a pesar de que estaban en desuso, no dejaban de ser extraños y muy interesantes... Tal era el caso de una caja fuerte, que quizá resguardaba un tesoro o un secreto impresionante, porque nadie nunca pudo encontrar la combinación.

Pero mi meta era el jardín, yo sabía que allí se encontraba alguien que me estaba esperando, y no me equivoqué, puesto que al llegar hasta ese punto, descubrí a una niña de cabellos rizados, jeans y tenis, que jugaba sola ahí.

Supe que ella había sido quien me dejó aquel recado en la barda, cuando la vi sentada sobre el pasto, frente a una tina de lámina con el fondo volteado hacia arriba (simulando una mesa). La superficie estaba cubierta con una toalla de baño color verde, y que después de haber sido descolgada del tendedero; ahora tenía la función de ser un elegante mantel.

Sin necesidad de palabras, me invitó a sentarme frente a ella, para disfrutar del festín de pastelitos de lodo, aderezados con ramitas y flores con sabor a limón de las que crecían en los alrededores del jardín.

Había también una ensalada de pasto verde, "espolvoreada" con piedritas muy pequeñas y una botella de las que quizá alguno de sus tíos dejaron arrumbadas (después de navidad o año nuevo); y que volvió a ser parte de una celebración, cuando a esa niña se le ocurrió ponerla otra vez al centro de una mesa; pero ahora rellena con agua.

Al estar frente a ella, me di cuenta que aunque no era una niña de muchas palabras, había mucha ternura y fragilidad que era perceptible desde el color oscuro de sus ojos. Así, mientras me servía una generosa porción del pastel de lodo -que todavía se veía fresco- me empezó a platicar que le gustaba vivir ahí, porque su abuela era una mujer que además de regalarle "dientitos de brujita" de dulce y hacerle avena todas las mañanas; siempre tenía algo interesante para contar.

Me dijo también que además de que aquella casa estaba llena de objetos interesantes; en la enciclopedia que su abuela tenía en la parte baja del buró junto a su cama; descubrió un montón de cosas interesantes que pasaban en el mundo, ¡Ah! y que también los bebés, no era verdad que eran traídos por la cigüeña.

Este último comentario me causó mucha gracia, porque yo sabía que tenía razón. Luego, me aventuré a preguntarle: ¿A qué cosas le tenía miedo?, y después de un instante en que un nudo que pasó por su garganta fue visible, la niña me habló del avispero que siempre estaba en la parte trasera del barandal de madera pegado junto al árbol de manzanas, de esa rueda gigante llena de monos que daban vuelta como en una especie de carrusel que se sentía cada vez, más y más cerca cuando ella tenía fiebre; y también de una cabeza de jabalí disecada que se encontraba colgada de la pared de la habitación contigua a la mesita del teléfono... A la que como era de esperarse, por precaución, ella procuraba nunca entrar.

Según lo que me dijo, ese jabalí estaba tan enojado cuando murió, que el día menos pensado seguro iba a revivir y mordería a quien estuviera cerca... Además de que ella sospechaba que esa bestia era quien custodiaba una puerta secreta que ella descubrió una vez que jugando al escondite, fue y se metió en el closet de esa habitación. Nunca pudo averiguar gran cosa -por miedo al jabalí-, pero tenía la certeza que esa puerta era un pasadizo secreto que conducía hacia todos esos universos en los que vivían todos los seres mágicos que salían en las películas que los Domingos veía junto a sus papás y hermanos.

Algo que me sorprendió fue que sin necesidad de que yo mencionara palabra alguna; ella me dijo que sabía que yo era alguien que venía del futuro. Entonces fui sincera con ella y comencé a contarle que cuando ella creciera, tendría la posibilidad de escribir historias, viajaría a lugares que nunca imaginó; y vio alguna vez en los mapas dibujados dentro de la enciclopedia; e incluso, en un país pequeño llegaría a conocer a un verdadero ángel terrenal.

Ella me escuchó con mucha atención; pero también se dio cuenta que yo le compartí sólo las cosas más valiosas y bonitas... No tenía caso explicarle a una niñita de 5 años, que de grande su camino siempre iba a ser en solitario; y aunque a través del tiempo iba a tener grandes amigas; el amor que a esa edad se representa a través de corazones redondos y rojos; en su vida iba a presentarse sólo una vez y de forma temporal.

Después de un breve lapso de tiempo en silencio; quien se quedó con un nudo atorado en la garganta fui yo; porque luego de mirarme directo a los ojos, la niña me dijo que ella a pesar de que no lo veía con bastante claridad; ya sospechaba todo eso; porque sin que yo se lo dijera, ella podía ver también reflejados todos los miedos y dudas que existían dentro de mi.

Ella era yo, y sin tener que explicarle; se dio cuenta de que a pesar de mi "disfraz de grande"; yo seguía siendo una niñita tan frágil como ella, que todavía despertaba a veces y se asustaba por las noches; y que a pesar de que siempre la rescataba refugiarse en el "bunker" que tenía debajo de las cobijas de la cama (donde nada ni nadie podía hacerle daño); o también el hecho de jugar siempre a soñar e imaginar despierta; sin importar el tiempo que pasara, siempre iba a necesitar montones y montones de ternura; así como también mucha protección y un refugio donde resguardar y compartir sus sueños.

Cuando yo llegué ahí y me di cuenta de quién era en realidad, lo primero que quise hacer fue abrazarla, para regalarle todo eso que también a mi me hacía tanta falta; pero fue ella quien le puso parchecitos de colores a mi alma; cuando no mostró ningún interés por lo que vendría más adelante en el futuro. Me dijo que no me preocupara; porque a pesar de que yo creciera, ella seguiría viviendo para siempre en mi.

Me prometió que se asomaría a mis ojos cada vez que descubriera algo mágico e impresionante. Que estaría junto a mi cuando encontrara alguien que también quisiera jugar salpicando con los charcos que se forman bajo la lluvia; o que sin importar que tuviera todos los años del mundo, siempre tuviera ganas de salir cualquier tarde de verano a pasear en bicicleta, a caminar con el perro, o simplemente sentarse en el pasto con todo el tiempo del mundo para descubrir entre las páginas de un libro, una fantástica historia; o volar una cometa desde un lugar muy alto, donde también los deseos se plasman en Hojitas Sueltas y de Colores, para elevarse luego en globos atados con un cordel.

Sonreí, porque entonces me di cuenta que tanta explicación de mi parte, la verdad fue innecesaria. Pues del futuro, a ella lo único que le interesaba era saber si después del año 2000, por fin los autos serían voladores; o si a los 25 -tal como ella lo imaginaba- sería una mujer que usaría zapatos de tacón...

Todo lo demás, ni siquiera importaba, pues mientras ella viviera dentro de mi; todo cuanto conociera de su mano en el futuro, no dejaría nunca de ilusionarme y sorprenderme... Para crecer, ya habría mucho tiempo después.

¡Gracias Martuchis por estar siempre ahí y por invitarme esta semana y en sueños a jugar!

Conversaciones Entre Niñas...

on lunes, abril 25, 2011
Esta conversación sucedió un día, entre dos niñas pequeñas que iban viajando en un camión de pasajeros....

Niña más chica: -Oye, ¿te cuento un chiste?-

La otra niña más grande: -Sí-

Niña más chica: -¿Qué le dijo una ardilla a la Virgencita?-

La otra niña más grande: -No sé... (risitas)-

Niña más chica: - Adivina y te doy un premio...-

La otra niña más grande: ¿Eso le dijo???

Niña más chica: -¡Nooooo!... Adivina...-

Cuando escuché, me dio tanta risa... Y luego siguieron con esto:

Niña más chica: ¿Qué le dijo Karlita a Penélope?

La otra niña más grande: No sé, ¿qué le dijo? (cara de duda)-

Niña más chica: ¡Pues no sé! (ataque de risa)...

La otra niña más grande: -Mejor cuéntame el chiste de 5+6= 11

Niña más chica: ¡Ah si!... ¿Cuánto es 5 +... (ataque de risa)...

La otra niña más grande: ¡Ya cuéntamelo! ¿Por qué te da tanta risa?

Niña más chica: (Sigue con su ataque de risa).

La otra niña más grande: .....

Niña más chica: ¿Cuánto es 5+6? (ataque de risa otra vez)

La otra niña más grande: ¿Cuánto?

Niña más chica: ¡Pues 11! (ataque de risa intenso)...

Entonces me di cuenta que la niña chiquita era Karlita y la otra... ¡Pues era Penélope!!... Jajaja... ¡Ah mugres niñas divertidas! como me hicieron reír todo el camino, es que.... Aquí no da risa, pero oírlas en vivo y en directo era la onda, porque tenían bien chistosita la voz y luego les daban sus ataques de risa de cualquier mensada...

-Tomado del blog de "Ave de Estínfalo"-

¡Bienvenidos a Mis Hojitas Sueltas y de Colorcitos!

on domingo, abril 24, 2011


... Faltan 5 días para que sea Día del Niño, y como en este espacio, ustedes y yo siempre jugamos a soñar despiertos, gracias a la magia de la imaginación, a partir de este Lunes, automáticamente nos convertiremos todos en niños otra vez y cada tarde o por las mañanas en que cada uno de ustedes entre aquí, todos juntos vamos a jugar.

A partir de este instante retrocedemos algunos años en el tiempo y "atoramos" el reloj para no crecer y seguir siendo niños todos por espacio de 5 días mágicos, en los que este hogar virtual se convertirá en la casa del árbol donde además de golosinas y juguetes habrá cuentos, magia y mucha diversión.

Dentro de ese traje de "grande" que usamos a diario, cada uno de nosotros llevamos un niño dentro... La mía es una niña con colitas, que cuando no está con sus hermanos es muy introvertida y se entretiene sola en el jardín de casa de su abuela, jugando a imaginar...

¿Se quieren quedar aquí a jugar un rato con ella? ¿Sí?...

¡Bienvenidos entonces a estas "Hojitas Sueltas y de Colorcitos"!
A partir de hoy juguemos todos juntos a escondernos del adulto que llevamos en nuestro disfraz exterior.

¡Bienvenidos al Mes de Los Niños!!!

on viernes, abril 22, 2011

¡Bienvenidos a este blogscito!, donde este mes todos dejamos de ser grandes, para convertirnos otra vez en niños...

Ya viene el 30 de Abril....

¿Les late quedarse a jugar?

"Se Busca"...


Ayer, en el camino de regreso, (después de acompañar al sol hasta el punto donde todos los días se despide); al pasar por una calle del centro me sorprendió descubrir un aviso de pesquisa sobre un muro, y que al acercarme a leer, me hizo saber, que en ese volante a quien buscaban era a mi.

Por poco y me paso de largo, pero ver de pronto mi rostro en una hoja, con un mensaje escrito con letras grandes, fue lo que hizo que yo me devolviera... Y no es que me desconcertara ver mi propia imagen... Aunque hace más de 2 mil años dejé de tener esa apariencia, todos los días, en mi camino de ida y regreso, siempre, en algún lugar, me toca ver mi fotografía impresa.

Es muy curioso... Pues ese día yo iba pensando en que tenía muchas ganas de encontrar alguien que en lugar de pedirme la solución de todos sus problemas o que le demuestre que en verdad existo (a través de un milagro); me estuviera buscando sólo porque muere de ganas de contarme sus cosas como se hace con un buen amigo.

Durante muchos días, había vagado ya por las calles, pensado en que es irónico, que a pesar de que la imagen de mis últimos momentos en la cruz, está siempre tan visible en cada rincón de todos esos comercios y hogares por los que a diario paso; son muy pocos en los que alguien de verdad me ve como parte importante de su vida diaria.

Así, invisible, como viajo la mayoría de las veces, un día fui y me senté en el borde de una fuente que adorna la plaza. Entonces, de pronto tuve muchas ganas de que alguien tuviera la capacidad de darse cuenta de que aunque ya no acostumbro predicar en público, ni recorrer ciudades buscando pescadores de almas (como lo hice en otro tiempo); por dentro sigo siendo el mismo de siempre, y todos los días salgo a la calle, porque me encanta pintar el cielo de colores diferentes (esperando que alguien lo note); y porque en medio de tanta indiferencia tampoco todo es tan malo; pues sé que todavía existen personas que aún sin haberme visto; todavía creen -y lo más importante- confían en mi.

Mis seguidores ya no son pescadores, y muchos de ellos ni siquiera pertenecen a ninguna religión. Son hombres y mujeres tan normales, que a veces ni siquiera ellos mismos se dan cuenta que a través de las cosas más sencillas y cotidianas, yo gracias a ellos también me hago presente; sólo que nadie lo nota; porque es cierto eso que dicen acerca de que es más perceptible el sonido de una bala o una granada en un país en guerra; que la caricia que se regala a alguien enfermo, o con el corazón herido.

Si la gente de verdad me conociera; se daría cuenta de que no soy un tipo tan serio, ni tampoco tan solemne. Me divierte mucho despertar todas las mañanas y empezar a idear cuál será el disfraz del personaje en que me convertiré en ese día; para salir a recorrer las calles con ganas y no, de jugar a que alguien me descubra con los ojos del alma; no con los del cuerpo, que siempre busca la lógica y obedece a la razón.

También me entretiene demasiado, crear cosas que de lo mismo complejas que son cuando las imagino, -para quien sabe verlas- se vuelven hermosas y sencillas; y aunque hay veces que me puedo tardar demasiado tiempo detallando algo (una flor, un bebé, el arcoiris o el amanecer especial que tú verás al lado de alguien importante, cuando yo considere que es el tiempo); nunca dejo de pensar ni siquiera en quienes están convencidos de que yo no existo o los he olvidado.

Por eso; en los días en que por algo me ausento de la tierra; recurro a los ángeles terrenales que desde hace mucho tiempo dejé colocados por todos lados...
Cuando pienso en ellos sonrío, pues me encanta, que fui muy ingenioso al crearlos, porque nadie se da cuenta de que a pesar de que son espíritus libres metidos en disfraces de humanos que parecen muy normales; llevan sus sueños dentro de la mochila o la guitarra que llevan atada a la espalda; así como también la fe y la buena voluntad metida junto a sus manos y monedas en las bolsas de sus jeans.

Los que son listos se dan cuenta que existen y pueden pasar una vida entera tratando de encontrar uno... Lo que no saben es que no hace falta más que mirarlos a los ojos para darse cuenta de están más cerca de lo que se piensa y poderlos reconocer.

Sé también que existen personas que piensan que por ser Dios no conozco lo que se siente estar triste. Pero se olvidan de que con la misma complejidad que empiezo a idear cómo y dónde será la próxima aurora boreal o a diseñar el color de los pétalos de una rosa; así también moldee con mis propias manos el alma humana y todas sus emociones; y entonces no hay nada que me ensombrezca más que las personas se empeñan en entender y cuestionar el porque de algunas de mis decisiones...


A ellos sólo les puedo decir que no es arbitrariedad, ni tampoco soberbía... A cada persona le regalo siempre la capacidad para decidir lo que quiere hacer mientras permanece en el mundo; pero hay preguntas para las que considero no es el tiempo ni el espacio todavía para dar una respuesta, y aunque algunas de mis decisiones a veces son muy drásticas, todo lo hago por una razón válida... A veces como una forma de preparar el camino donde se puedan sembrar mejores cosas; y eso los humanos no lo entienden ni lo entenderían nunca... Por eso comprendo cuando alguien se enoja conmigo o deja de creer en mi, porque piensa que yo a nadie escucho y tan sólo soy un ser omnipotente que no acostumbra dar explicaciones....
Lo único que puedo decir al respecto es que todas y cada una de las cosas que hago siempre tienen una razón de ser.

Esta, tarde entraré al templo y acompañaré un rato a toda esa gente que aún no se da cuenta que yo estoy siempre en todas partes y mi casa es mucho más grande que una iglesia.
Para encontrarme tampoco es necesario colgar carteles en los postes, porque hace mucho tiempo que dejé la cruz... Estoy y sigo vivo en cada sitio donde cada persona se imagine y a pesar de la invisibilidad, su FE le permita ver y CREER.


"JC" - Mecano / Álbum: Aidalai (1991) / Track No. 12


"JC"
-Nacho Cano-

Pasabas por allí, no sé bien,
que vibró dentro de mi,
y sin pensar, fui detrás de ti...

La luna en tu melena, me ayudó
a seguir tus pasos por la acera,
pero al doblar, la esquina del bazar
no sé como te perdí.

En plena confusión,
escuché, dentro de mi corazón
como una voz, marcando la señal...

Iba diciendo y me iba diciendo...

Tu, tú y yo,
tú y yo, tú y yo...

Como un radar, en el mar,
y el barco a puerto quiere anclar,
aquella voz, subía la intención
o bajaba si iba mal,
iba un poco mejor....

En miles de movidas,
me metí por seguir detrás de ti,
pero al final, encontré el lugar
y en medio de la luz
estabas esperando tú...

Tú, tú y yo,
tú y yo, tú y yo...

Colgado de dos palos,
y amarrado por los pies y por las manos,
me pregunté:
¿Quién lo pudo hacer?

Trepé por la madera,
y aparté de tu cara la melena,
y te besé, tres palabras rotas
escapaban de tus labios....

Tú, tú y yo,
tú y yo, tú y yo...

Tu, tú y yo,
tú y yo, tú y yo...