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Ejercicio para tu niño interior.

Para realizar este ejercicio necesitas una fotografía tuya de cuando eras niño. Si no la tienes a la mano, o no posees ninguna, sirve también que traigas a tu memoria la imagen de ti, cuando tenías apenas unos cuantos años de vida.

Imagina que a ese niño o niña que estás viendo en esa foto o que tienes en este instante en mente, te la dieran a CUIDAR. Que fuera tu absoluta responsabilidad, hacerte cargo de él o ella físicamente, y sobre todo, EMOCIONALMENTE.  Cuidar su integridad, cuidar sus emociones, su sentir... 

Es fundamental para un niño contar en su vida con una o tres personas importantes en quienes pueda CONFIAR.

Si tu niño interior está a la deriva, si sus padres del pasado hicieron lo que pudieron, pero ese niño o niña hoy se siente perdido, solo, triste; si al mirar hacia atrás te preguntas: ¿qué cosas me he permitido hacerme? ¿Y qué cosas le he permitido a otros hacer de mi vida?, es precisamente cuando ese niño te está necesitando más y de eso se trata este ejercicio.

En el instante en que miras esa foto: ¿Permitirías que a ese niño que fuiste y ahora está bajo tu cuidado lo maltrataran, lo insultaran o le dijeran cosas horribles?... En el momento actual ¿permitirías que otros le hicieran lo que has permitido a otros hacerte?
¿Dejarías que alguien abusara, maltratara o le prometiera a este niño que va a estar siempre y luego le mintiera? ¿Dejarías que alguien le grite o le pegue, lo hiciera llorar o sufrir?

Las necesidades emocionales llegan a ser más fuerte incluso que las necesidades físicas, pero a veces también se comete el error de abusar de un niño o niña negándole amor o cariño.

Mientras ves tu foto de infancia, recuerda todas las cosas por las que has pasado; tanto personales, como profesionales, en el amor, las cosas que has tolerado, la gente con la que te has relacionado, las palabras que aceptaste y también las cosas que te permitiste como no saber decir no, soportar algo que te parece indigno o con lo que no estás de acuerdo tan sólo por temor al qué dirán, para agradar, para tener pareja, porque creíste que esa era la manera correcta de hacerlo.

Mira una vez más tu fotografía, házte esta pregunta y responde con toda honestidad: ¿He sabido cuidar, amar, proteger y honrar adecuadamente a mi niño o niña interior, escuchando y satisfaciendo sus necesidades? 

Mira esa foto... Pregúntate: ¿qué cosas he permitido que le hagan? ¿qué me he permitido yo hacerle a este pequeñito que tengo frente a mi? 

Trata de mirarlo a los ojos si es posible en esa foto. Imagínate que está sintiendo. Si hubiera estado por todos estos años perdido, sólo, asustando, regañado, sin guía, sin dirección y sin amor. 

Ahora habla con él o ella. Desde tu interior dile: "¡Hola! (llámalo por su nombre) ¿Me dejas hablar contigo? ¿Me permites acercarme? 
Imagina que te responde que si, porque te ha estado esperando durante todo este tiempo.

Míralo y dile esto a tu manera: "He venido por ti, porque ya no quiero dejarte en soledad. Quiero pedirte perdón porque te he descuidado. Porque no he acudido a tu llamado, porque no he sabido ser para ti alguien presente y que atienda tus necesidades. Pero hoy, aquí estoy frente a ti. Te miro esos ojitos, re reconozco, TE AMO; y quiero pedirte que me permitas cuidarte, quererte, acompañarte de aquí en adelante.

Quiero ser para ti como un padre, y también como una madre. Quiero darte todo lo bueno que tú mereces, porque tú eres ese niño o esa niña que soy yo, y ser tú está muy bien. No tienes que ser otro u otra.  

Quiero que me dejes abrazarte, cuidarte, alimentarte y quererte sanamente. Quiero que te puedas sentir libre, feliz, acompañado (a), seguro; y sobre todo: muy, muy amado. 

También quiero pedirte, que me acompañes en mi proceso de encontrarme y ser feliz. 
Te necesito en mi vida, para recordarme la alegría, la sorpresa, la risa, pero también te necesito para que me recuerdes a cada instante la ternura y la paz que transmites al verte dormir.

Quiero que caminemos juntos, que juguemos, que corramos y disfrutemos juntos de la vida. Yo prometo cuidarte, darte lo que necesites y siempre escucharte y atender a tus necesidades... Porque YO soy TÚ y TÚ eres YO; y juntos somos uno solo. Ahora estás en MI y te miro, te siento y te quiero. 

Ahora podemos ser libres, ahora puedo ser YO, porque soy valioso, porque sé honrar a mi niño interior, porque me siento seguro y me siento amado. 

Después de esto, imagina, visualiza, siente como tu niño interior te mira con ojos emocionados ¡y corre a abrazarte!... Siente su abrazo, siente su perdón, siente su presencia en tu vida... 
Permanece así por unos cuantos segundos. Luego, toma una respiración profunda, y atesora esa foto, ese recuerdo, como un padre o madre orgulloso guardaría algo que su hijo le ha regalado.  

Busca hacer este ejercicio de vez en cuando. Cada vez que sientas que no puedes, cada vez que sientas que estás solo, ahí estará. Ese niño o niña estará contigo...

Mucho de lo que nos permitimos es porque nos asumimos adultos y porque creemos que algunas de las carencias con las que hemos crecido, emocionales o físicas, con los pocos buenos ejemplos que tuvimos a nuestro alrededor y a lo mejor de manera instintiva sobreviviendo a esta vida, dan como consecuencia las cosas que hemos permitido y las que también nos hemos permitido a nosotros mismos. Entonces creemos que está bien porque somos adultos.

Si volteas a ver tu foto, con la edad que tengas hoy, (sin importar cuál sea), ERES esa foto. Ese es tu YO VERDADERO, es tu YO REAL.

En la actualidad estás listo para cuidar a todos, a tus hijos, a tus padres, a tu pareja (la mayoría de las veces con relaciones bastante tóxicas), todos siempre por encima de ese niño o niña de la foto.

Nadie en sus cinco sentidos, si le dieran a cuidar a ese pequeño que estás viendo en la fotografía, probablemente no permitirías que le pasara ni la mitad de lo que has vivido. 

Yo espero que esa foto y esa imagen, la próxima vez que alguien quiera maltratarte o cometer alguna injusticia, o peor aún, que tú mismo te auto maltrates, te haga detenerte y que no lo permitas. 

Si no recuerdas como fuiste de niño o no tienes fotos y sientes que nunca te has amado, o simplemente no puedes conectar con tu niño interior, puedes hacer lo siguiente: 

1. Reconoce: Que en ti, como en todos nosotros, (y tú no eres la excepción porque no eres raro, no eres diferente, eres uno de nosotros). Se encuentra aquel niño interior que puede estar descuidado, lastimado y sin seguridad.

2. Escucha: Como se siente y que necesita de ti. A veces mirar tu cuerpo frente a un espejo, atender un síntoma físico recurrente, o notar los sentimientos que surgen en ti cuando te sientes rechazado, solo o enojado, te están hablando del niño que está ahí. 

3. Ofrécele: ser tú el adulto que le procure lo que necesita. Amor, aceptación, límites, estructura, comprensión, CONFIANZA sobre todo. Asegúrale que no le vas a abandonar y que siempre estarás a su lado.

4. Disposición: del tiempo y los recursos necesarios para estar con tu niño interior, atenderlo adecuadamente y que poco a poco vaya ganando tu confianza, en un proceso de reparentalizarlo y adoptarlo. Tienes que convertirte en su propio padre o madre.

Cuando ves tu foto es inevitable sentir ternura y preguntarte al mismo tiempo cómo has sido capaz de permitir que le sucedan tantas cosas, como lo dejaste, como no estuviste, como no lo atendiste, como es posible...

Que este ejercicio sirva para que recuerdes siempre que ese niño de la foto aún existe, y no te olvides de defenderlo, cuidarlo, quererlo y protegerlo. Guarda esa foto en tu celular, y cada vez que te pase algo, pienses que sigue ahí y que todo lo que hagas a partir de este momento sea, para que él o ella esté mejor.

Haz que el niño que eras, no se avergüence del adulto en que te has convertido.

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