La Promesa del Arcoiris

on miércoles, noviembre 21, 2018
Ayer vi el arcoiris en el camino de regreso a casa. Yo iba a bordo de un camión de transporte público y me sorprendió descubrirlo a través del cristal de la ventanilla justo a un par de cuadras de distancia del punto donde me tengo que bajar para llegar por fin hasta mi casa.

La verdad ya no pude dejar de verlo, pues temía que se desvaneciera en un instante, y a la par de intentar recordar cuando fue la última vez que lo vi (sin poder acordarme); también me puse a pensar en todas las leyendas fantásticas que hablan de todo lo que puedes encontrar detrás de él, justo al pie de donde para unos inicia, mientras que para otros termina.

Mi imaginación voló y entonces la imagen fue muy clara, pues de inmediato vi un cofre antiguo, repleto de monedas doradas, objetos mágicos y desconocidos, piedras preciosas resguardadas por hombrecillos de orejas puntiagudas y trajecitos verdes elaborados con terciopelo y casimir.

Pero luego el arcoiris me devolvió una imagen más real y me hizo pensar en que la vida es un instante, se va confeccionando de recuerdos y momentos que se elaboran en tiempo presente, y así como la descomposición de la luz en un espectro de colores que dura tan sólo unos segundos, nada es más importante que el momento que tienes delante y en las manos: el instante en el que estás ahora mismo, en el que yo escribo esto; en el que tú trabajas, en el que yo sueño, quizá en el que a tu cuerpo le duele algo, pero en contraposición en el que mil cosas pasan por tu cabeza a la vez.

Entonces me imaginé que cada uno de nosotros somos también como arcoiris... Algunos con mas colores y luminosidad que otros... Al igual que ese fenómeno natural no mostramos todas nuestras tonalidades, y las contadas personas que si lo hacen por eso son tan especiales y tan llenas de luz.

La vida es tan efímera y dura tan sólo una brevedad (al igual que el arcoiris) cuando la lluvia ya se ha ido.

En los pasajes bíblicos se habla de que en la época de Noé este signo en el cielo  selló una promesa que Dios hizo, y siendo nosotros como el arcoiris (fugaz y temporal en la vida de muchas personas), no deja de ser un signo de esperanza y fe que muchas veces precede a una tormenta o que simplemente aparece cuando todo está gris.

Llegué a casa y los colores en el cielo ya casi se habían desvanecido, eran cada vez mas tenues, pero ahí al pie de la ventana, me di cuenta que no importa en que punto de tu vida te encuentres, ni que haya pasado un día antes de hoy. La vida es tan breve como un arcoiris y siempre que aparece es como un recordatorio, de que siempre se puede volver a empezar otra vez.

24-Julio-2010

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